domingo, 11 de octubre de 2015

Cambiando de lugar y de nombre

Pues sí, ando yéndome de este sitio. Me voy a un wordpress, a los apellidos de mis abuelas, casi seguro a otra novela. Otras. Ahora que ya logré practicar la sinautoría escrita, al fin, en el campamento de la dignidad de CCIP. Ser autora, como lo fui, no me logró plena. Más bien he estado todo el tiempo intentando escaparme de esa condición de escritora de novelas que se venden en cualquier sitio.

Sonia, mi amiga, un día me dijo que no quería que mi novela se la pudiera leer cualquiera. Como si las obras debieran protegerse de ciertas personas. Me hizo pensar. Luego descubrí eso del aura benjaminiana y es cierto que prefiero que las obras sean posibles para las comunidades para las que tienen sentido. Desde las que están escritas. El mercado a lo bestia, a lo global, exige estímulos respuesta, de esos que a mí me suscitan todas las sospechas de crueldad del mundo. Me asusta lo masivo, me da igual que se vea matar a un toro, que crucificar a una persona, que escuchar un grupo de hip hop. Y luego también quedan los nichos, de mercado, para autores un tanto atados a sus reductos, que tienen que estar repitiéndo sus gags como Tarantino para que su público se escandalice pequeñamente...

Por eso yo ando con esto de la "sinobra" dándome vueltas todo el día. La "sinobra" es una obra que no necesita morir. Es obra creadora, cuyo alrededor es pura huerta. una "sinobra" es una semilla de calabaza que de repente emerge en medio de unas fabas. Es todo aquello que permite que la vida nunca acepte ningun límite, no se crea un producto y por tanto no pueda convertirse en mercancía. Que ese es para mí el único problema, cuando algo se reconoce ya muerto. Terminado. Hecho que es por otro lado una impostación.

En el próximo blog, con la memoria de mis abuelas en la cabeza, pensaré más en esto. Ahora estoy despidiéndome de este lugar. Creo que ya construí una fuerza en la que refugiarme para siempre. Esa fuerza conjuga tres cosas: poder creer en la capacidad de las personas, no tener prisa, no tener miedo a lo que aún está inédito. Con el objetivo de solo poner en el mundo lo que nos hace mejores. Mi manera de ver el mundo es durísima, por eso creo que no podemos andar desperdiciándonos. Que no debemos derrochar.

Así pues vuelvo a escribir publicamente, en otro lugar que es blanco. Ya no estoy de luto. Yo que escribo para poder querer, lo cierto es que necesité dejarlo. Estos años estuve detonando colectividades de producción cultural-cinematográfica, dejando las palabras no sucederse... y también luchando por otra sociedad desde lo que soy, desde mi vida material de madre, hija, subsidiada.

Como escritora preferí aprender sobre los medios de producción de los libros -en Contrabandos-, sobre cómo tomarlos. Tomarlos al estilo furtivo, de guerra de guerrillas, dado que la revolución no dará al pueblo sus medios de producción,  al pueblo (que con todo no ha sido vencido). Desde que empecé este blog, sin embargo, es verdad que he cambiado. Aunque sigo siendo básicamente en eso comunista, comunista "tiqquniana" también. Pero lo soy solo de facto. No de capilla. No acepto alaracas que me despisten en absoluto de mi hacer y en ese hacer le encuentro potencia a lo posmoderno y a lo anarquista. Lo que sí que no consiento es permitirme que por pensar comunista, entre muchos comunistas, puedo actuar capitalista y creyendome acertadísima. Reconozco que la revolución triunfante del XX ha sido el capitalismo y sé que mi cuerpo la celebra como todxs los demás. Sé también que duele demasiado y a demasiada gente... y por eso en mi ánimo está derrocar al menos en mí, y en lo que mi aura abarca, lo que del capitalismo es trampa, mentira y mierda. Busco la parresía, la evidencia, una verdad a construir entre la gente. Si algo me dejo el marxismo es esa pasión por el materialismo que hace que atienda a cada segundo de mi hacer.Y que deteste los cuentos.

Y ya, a modo de despedida, agradezco a Tierra de Nadie Ediciones, hayan reseñado en "Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual", la novela que detonó este blog "Inmediatamente después". Ahí un análisis completamente exhaustivo, nada más pues que decir yo de mi novela... No en vano, no se me dan bien los comentarios de texto, y no sé valorarlo, pero agradezco a Matias Escalera y a mi amigo Fran y a David Becerra, que mi novela resida en ese libro. Ahí quedo pues.

¡Ya puedo irme...!


lunes, 7 de abril de 2014

SOStener la vida: Asamblear la crianza

Escribo y me sumo a mis detonadoras. A todas. Y sobre todo a la pregunta de June Fernández. Quiero todo, desocupar la maternidad y maternar el mundo. Lo quiero todo porque lo que celebro es que las mujeres nos  reapropiemos de nuestra potencia de vida. Vida para concebirla y/o dejarla estar.  Y aún deseo más: me gustaría que quepamos en la crianza todas las personas (cuidadoras migrantes que teleasisten a su propia descendencia, abuelas de padres-madres ausentes, hermanos solteros y los y las esteriles y las maternofóbicas)
Necesitamos  urgentemente asamblear la crianza. Para otorgarle relato plural. Porque sólo así podremos imaginar la maternidad, no como un debe (más o menos utópico, más o menos casposo o posmoderno), si no como un haber (un materialismo, un izar a la realidad lo que vivimos para legitimarlo: por raro, aberrante o convencional que parezca). Solo así, nombrando cómo criamos hoy, podremos criar socialmente.
Lanzo mi desafío: denunciar lo habitada que está la maternidad del relato hegemónico de feminicidio, y de vidacidio. Nada tiene que ver la crianza en sí, con el envoltorio que le han puesto quienes no crían, pero mandan, y construyen relato. Mis hechos son que mi maternidad me logró poliamorosa, desclasada, me desaburguesó y me desnuclearizó. Embarazarme supuso quedarme sin “marido”, y sin casa, y sin sueño. No podía dormir y casi me vuelvo loca. Después de 38 años de cordura y omnipotencia, sucedió. Caí. Yo también fui vulnerada. Y solo entonces pude preguntar a un mantero, que vendía pelis a la puerta de mi casa, honestamente: ¿qué tal estás? Y todo eso me lo dio la posibilidad de ser madre. Justo lo contrario de lo que me contaron fue lo que viví.
Para mejor cuando Laia nació en su mirada nuda, una ameba que no se sujeta ni el cuello, que ni mira, ni ve pero repta hasta la teta y se agarra, vi ahí pura vida de la que no es de nadie.  Esa capacidad de Laia me reveló porqué el capitalismo no aguanta la maternidad. Ni el patriarcado, ni el capitalismo aguantan la emergencia de la vida. Y de ahí las cuarentenas y los putos puerperios, para esconderla.
El embarazo en si ya es es una proeza. Las mujeres vivimos con todos los órganos detrás de las tetas. Una proeza como tantas otras funcionalidades diversas del mundo. Por eso apenamos tanto las embarazadas, como las locas, cuando en realidad, somos monstruas maravillosas.  La maternidad nos pasa a diversas funcionales. A la mayoría. Incluso si el embarazo no te saca mucho de la “normalidad”, luego siempre llegará el momento en que tendrás un carro incrustado en las manos, e irás con cuatro ruedas y cuatro piernas.
Por otro lado, embarazarse devuelve la vida, la de verdad, la que no es manejable, ni atiende a dueños o se mercantiliza. Por eso esta sociedad tara la maternidad, la mina de riesgos. Yo viví las clases de preparación al parto como un susto y una estupidización. Te enseñan a respirar como si fueras idiota, mientras te advierten de todo lo malo. ¿En qué instancia humana eso se permitiría? Decretar que toda la población, por elevadísimo riesgo de contraer algún cáncer en su vida, debe perfectamente sana asistir a unos cursos para aprender a reaccionar cuando enferme. Esa idiotización se traslada luego al recién nacido tratado también como un gilipollas.
Conservo un odio activo a los manuales de maternidad. Desde los de las tetinas anticólicos de los biberones, hasta cualquier otro. Ni una matización, ni un beneficio de la duda a la perspicacia de la madre, ni a la diferente capacidad de succión del bebe. Puro nazismo. Tetina cero meses= bebe cero meses. Pero resulta que Laia succionaba como si tuviera tres años a los cero meses. Menos mal que cuando Laia nació lo suspendí todo, y me presté atención a mí y no a la literatura sobre el cólico del lactante.
Luego de superar las clases de preparación al parto “mortal” y después de habernos tratado en el embarazo a las mujeres como si ya fuéramos una tumba o a una cuna, u otro receptáculo cualquiera, llegaba al principio de la crianza la posibilidad de enunciar todos los trastornos que seguramente padecerán nuestros hijos, por no haber seguido el prospecto: síndromes de hiperactividad, terrores nocturnos, cólicos del lactante. El vocabulario del temor, de la carencia es durísimo.
Y sí de esas furias, de haber tenido que atender relatos que miserabilizan la crianza, reivindico, nos reivindico la necesidad de narrarnos, de revalorizar el saber de las criadoras, madres… Nuestro saber no frugalizado, ni de color rosa y azul clarito. Fuera moñeces. La crianza es punk: es roja, violeta… negra, blanca… Hablamos de la  emergencia de la vida, hecho tan fundante como su desaparición, para mí de igual intensidad y violencia. Un bebé llega a quedase en un “para siempre” tan poco determinable como la vida y su finitud. Sin embargo, esa comparación: nacer es como morir, tan violento y potente; está inédita. Y yo creo que la necesitamos.
Mi maternidad fue fruto de una aberración social: atreverse a enunciar el padre (un tabú decirlo, una costumbre hacerlo) que no quería criar, ni ocuparse de un bebe y decirle yo, no hay problema, yo crío. A mí me pareció pura lógica, en mi prepotencia; pero no, luego casi me estalla la cabeza. Porque yo no lo sabía. Pero nuestro imaginario de la crianza es estrecho, estrechísimo y desde ahí respeto a quienes proponen desocupar la maternidad. Si ser madre es eso: no me llamen madre asegura Brigitte Vasallo.
Y por eso insisto en que relatemos para que abramos el campo, para que quepamos más. Cada una/o desde su experiencia, para que podamos realizar (izar a la realidad) la propia experiencia: nuestra crianza-nuestra construcción.
La realidad es lo hacemos y lo que nos hacen. Y el límite de nuestro hacer es el límite de lo que alcanzamos a imaginar que podemos y nos ponemos a poder. ¿Qué creemos que podemos las mujeres en la maternidad/la crianza/el cuidado?
Para mí la maternidad, insisto, significo la  liberación del cuidado consecutivo (familiar), y liberación del amor patrimonial, (el del territorio del dos como único habitable). Yo respeté que otro no quisiera criar y yo sí y logré seguir amándole cuando me pude querer sola. La cadena de cuidado garantista, de las familias nucleares, a mí se me rompió y lo que en principio fue un duelo, luego fue un regalo. Mi madre tuvo una trombosis en mi sexto mes de embarazo y mi pareja no soportaba acompañarme al parto. Y de repente el cuidado extenso, llegó, de regalo para maternar. Contarlo es lo que más me motiva a articular este texto. El embarazo me suministró cuidadoras imprevistas: Sonia, una antigua novia reconvertida en madre bollo, intermitente e indisciplinada, pero para toda su vida. También la panadera de mi viejo barrio, que me daba calabaza asada, y una bebita, Laia, mi hija, que me enseñó a cuidarla, cuidándome y me enseñó a aprender a amar a quien no sé cómo será, ni cuánto me ayudará a vivir. Aprender a quererla porque me engatusó ese venir suyo a la vida, sin nada, desde el principio de su existencia. Un corazón que late en un cuerpo que no se sostiene.
Mi maternidad sobrante e imprevista, insólita, me hizo mejor, pero podía haberme matado. A mí casi se rompe la cabeza, hay otra gente a la que se le rompe del todo y conste que no me lamento, es justo estar al fin menos blindada,  como tanta gente, sentirse también mantera, diversa funcional, muerta de miedo… Solo, que ahora sé lo que me hubiera hecho bien. Y haberme podido imaginar más allá de un papá, y una mamá, más allá de una casa y un trabajo -porque ésa es otra, ¿cuántas madres asalariadas sobreviven su asalariamiento en la crianza?; yo no-.
Me jode en el alma que la maternidad, sí sea reñible, reprimendable, pero no asambleable. Siempre me viene a la mente como extrema consecuencia el caso de una mujer que me contó la psiquiatra. Ella se quedó embarazada de in-vitro de dos niñas, las parió como madre sola y al sexto mes se suicidó. No lo pudo soportar. Criar así, en pura soledad. Y es que nos han dejado jodidamente solas como madres o cuidadoras o lo que sea y eso sí que no lo acepto. Solas y entontecidas, las madres. Solas e incomunicadas. Porque maternar es un acto  pudoroso en extremo, casi como el sexo. No se puede mirar, pasa de puertas para adentro, lo que favorece el cúmulo de neurosis que se da en el entorno familiar, y dificulta en extremo el abordar a la sociedad, a la economía, interpelarla desde ahí.
Y sí, no es que considere gravísimo suicidarse pero sí no aguanto que sea obviable. Por eso creo que ha llegado el tiempo de coger lo mío, lo tuyo, y lo nuestro y asamblear de una vez las crianzas diversas, para poderlas recrear y que todas las mujeres -¡todas!- puedan imaginarse siendo como quieren ser. Madres, amigas, tías, abuelas, trabajadoras del cuidado permitiendo la vida, como es. Necesitamos pluralizar, no juzgar; ver los valores de cada una, los sís de cada no, porque además debiéramos asamblear la crianza, con toda la delicadeza del mundo. Es gravísimo que la maternidad sea un asunto privado, privativo, que se críe dentro y que sea una relación apenas construible colectivamente -la frustración de los cuidadores segundos o terceros o cuartos o los imposibles quintos-.
Ese hecho profundamente político que es criar, cuidar, sostener la vida, ¿cómo podemos pretender que interpele a la sociedad si le es privado, íntimo, inopinable? O así se nos presenta. No criamos a escondidas del contexto. Criamos desde el compromiso que esta sociedad tiene con las personas dependientes… Criamos sin la renta básica, en ciudades inhabitables y es mejor que se cargue con la responsabilidad al papá, o la mamá, para así no enfrentar el desafío. Para hacer indefendible la necesidad, la urgencia de un modelo cuyo centro debería ser la vida, toda la vida y no solo la que es autónoma para consumir, ir en coche o comprarse un pantalón vaquero.
Esta sociedad cría neuróticamente y ha neurotizado la maternidad hegemónica. Cualquiera nos embronca por llevar un bebe en un carro una noche de invierno. Un viejo, que no debió mirar a su hijos a la cara mientras pasea a su perro, se siente en el derecho de decirte: ¡Vaya horas, qué vergüenza!”. No te pregunta si necesitas algo, te riñe. Las madres estamos situadas a la altura de todos los betunes de la tierra, (que no es un mal lugar el a ras del suelo, cuando no permites la humillación, y te puedes reír y apenar de quien te reprimenda y te da una clase magistral). De la misma calaña son los  manuales de crianza, con sus aberraciones cientifistas, que ya ha abordado Carolina del Olmo, y sus simplificaciones disciplinarias desde el adultocentrismo al niñocentrismo. Se trata de clavarnos a las madres un universal en el alma para que nos serialicemos y seamos nicho de mercado, funcionales a la lógica del capital. La  responsabilidad de su prole es de la madre. La culpa si algo sale mal, suya también. No, del asilamiento decretado, no de los desahucios, no de las horas de curro, no de vivir con 400 euros, no del cisma ecológico o del desmontaje del escaso estado del bienestar. La culpa es de la mamá garante, responsable, dado que bípeda, de velar por la autonomía de un ser que es parido como una pura birria. Rose Jové, nos hace cargo a las mujeres de una causa civilizacional, y así nos va. No hay crianza que soporte ese peso. Quizá por eso aceptamos tanto las mujeres que todo el mundo nos explique cómo. Porque no hay cómo posible. Y vivimos la maternidad buscando desesperadamente una fórmula porque es demasiado lo que falla y es que son muchos siglos de despreciar nuestras destrezas e incluso arrebatárnoslas como a las matronas. ¿Y qué nos quedan? Las ruinas: muchas madres habitan unas enanas entidades beligerantes, un enfado largo, un disgusto interior que luego se somatiza en cuerpo enfermo.
Por eso reitero, necesitamos enunciar desde nuestra propia intuición y nuestras propias destrezas y nuestra propia vida. Necesitamos renegar de un discurso que no nos nombra, ni es el nuestro. Como es una crianza feminista, como la que viven las feministas: pues a escribirla… Tenemos escasísimas experiencias de crianza colectivas (sigue dando pudor ver a una madre y una hija discutir, giramos la cara, porque la crianza seguimos respetándola como un asunto privado, familiar). Así los padres, las madres saturadas, apenas imaginan ceder territorio de crianza a otros/as que quizá juegan papeles, pero en tanto que no reconocidos son papeles muy vasallos (el de los abuelos, la cuidadora emigrante, el hermano enrollado, la tía soltera que no pueden opinar apenas). Y queda algo insoportable que quiero romper: el mudo consenso, y la mirada oblicua y el arrasamiento de la diferencia, porque para criar o nos tiramos  los trastos a la cabeza, las madres o hacemos absoluta dejación.
Cómo criamos, igual que como amamos, es apenas discutido en entornos de familia nuclear, lugares muy viciados y ensordecidos…  Pero no asambleamos la crianza, no la socializamos, ni la abrimos con mínima dignidad a círculos de amistad, sociales… Así nos restamos la posibilidad de vínculos de crianza con mirada plana, sin reprobación, ni juicio previo, ni defensa antepuesta, por si acaso. Vínculos trabados para inaugurar crianzas apropiadas a nuestras vidas y nuestros cuerpos, para mujeres que no creíamos en la familia nuclear porque nos resultaba radioactiva, o para mujeres que se circunscriben al modelo nuclear pero sin pretender que sea su único lugar de socialización de la crianza…  Perdemos, siguiendo además el plan capitalista y patriarcal, la posibilidad de colectivizar la crianza, el cuidado de la vida, y en ese camino también perdemos la alianza con nuestras niñas y niños para criarles. Hemos asumido esos plurales que les eluden, o les generalizan desde una tolerancia posmoderna y dogmática. “Cada niño es un mundo”, decimos, para no meternos en su mundo… ni salirnos del nuestro. Y termino preguntando ¿pero el mundo es nuestro? ¿Es nuestro un mundo donde no nos hacemos cargo de la emergencia de la vida ni de su sostén? Eres tan nada que tu suelo sujeta, me escribía mi amigo Antonio… Sostén. S.O.S. Ten. S.O.S.tengamos.
http://www.pikaramagazine.com/2014/04/sostener-la-vida-asamblear-la-crianza/

viernes, 22 de febrero de 2013

¿Nos encontramos en el IV Foro Social de las Artes?



Este texto es una convocatoria a encontrarnos el sábado 9 de marzo en la Sala Youkali de Madrid.


Emplearemos el tiempo que al final concertemos (todo el día o mañana o tarde) entre leyendo, escribiendo y conversando...

Buscaremos no hacer un buen papel ante las ruinas... -como señala Tiqqun-. Ya no es tiempo de hacer literatura con las distintas combinaciones del desastre... Tenemos que hacer literatura “otra”. La que no es más abrazo vacío... La que nos vuelva a posibilitar, hacer posibles porque nos podemos nombrar y contar. Porque nos cuentan los libros que nos leemos y nos encuentran: otras editoriales, otras maneras de escribir y ser leído, otros lugares para producirnos que no sean el mercado sin dinero, precarizante, narciso...

Podríamos elaborar un texto colectivo... se me ocurre pentálogo si somos cinco, sexálogo si somos seis, decálogo si somos diez… para salir de allí con una estrategia de comienzo... que nos permita reapropiarnos de las novelas y poemas y convertirlas ya no en armas, si no en manzanas.

Podríamos alentarnos con textos que nos alienten, nuestros o que hayamos hecho nuestros... Compartir rastreos, nociones, inquietudes comunes, asaltos. Hacernos tribu, pequeño espacio de filiación y alianza. Para ir disimuladamente abandonando las filas y pasar a engrosar el cuarto propio, la nueva trinchera... la extensa retaguardia donde nos hacemos tanta falta.

Nos unirá querer con las palabras -con las elaboraciones por escrito de nuestras vidas y con los libros-, nos unirá, querer cambiar nuestras vidas y el mundo, aunque sea construyéndolo de nuevo en casi todos sus pedazos...

Aseguranos tu presencia (en qué horario) y tus motivos para acudir a esta convocatoria en este correo electrónico:


Os seguimos contando cómo se perfila nuestro encuentro a vuestros correos,
aquí y en el blog del IV Foro Social de las Artes.



miércoles, 28 de noviembre de 2012

Destello paciente de un escape: notas para una literatura española contemporánea que se fuga

Hace poco que me han publicado esto, en esta revista. Como no estoy nada clara con los derechos míos como autora... pues, lo anuncio yo aquí y si alguien lo quiere que me lo diga y se lo mando y así hacemos contrabando de pensamientos piratas...

Pues eso... copio también por si acaso el resumen del artículo aquí... Y aguardo compañía para celebrarlo o seguirlo o detenerlo...




From: Hispanic Review
Volume 80, Number 4, Autumn 2012
pp. 631-649 | 10.1353/hir.2012.0047
Abstract

¿Desde dónde escribir cuando nuestro mundo está herido y nuestra literatura enferma? Es la pregunta que se plantea una narradora que valora que la reciente narrativa española diagnostica pero no sana. La realidad se había vuelto una con el capitalismo, dijeron, y las siguientes verdades para refundar ya no existen. La narradora se pregunta si a lo mejor no se trata de tener la verdad, sino de serlo. Este artículo explora lo otro que no existe: la verdad, sea esta derrotada, estéloca o a la fuga. La narradora presupone que la literatura tiene la capacidad precisa de imaginar un horizonte que nos posibilite. Para lograrlo, el desafío, que no sabemos imposible, se dirimirá en el terreno de lo material, en las formas de vida y de producir arte corriendo la línea del mar, dado que las múltiples declinaciones del capital parecieron conquistar nuestro horizonte entero.

domingo, 15 de abril de 2012

Quieres hacer el favor de leer esto, por favor

He estado en Radio Carcoma, en Traficantes de Sueños, en el programa de Elena Cabrera y Carolina León. Fue un placer. Para escucharlo, aquí. Recomiendo todos los programa dentro del ciclo "Cuando la ficción estalla en el espacio social".

sábado, 25 de febrero de 2012

Una murmuración con dinamita.

He estado en el último tiempo solicitada, siendo muchas menos que madre y asalariada. Y es que aunque soy una rara madre y una extraña asalariada, eso ocupa la vida entera... Así que en las madrugadas, he sido la escritora de un artículo que se ha publicado en el último número de la revista Youkali “Al acecho calmado o un murmuración con dinamita” que vínculo aquí. Avanza lo que llamo literatura escapista o literatura para cambiarse de mundo, lo que siendo imposible amerita de literaturas inviables, insólitas, inexistentes -y añadiría resentidas, rabiosas, de cualquiera, de las naides que decía mi abuelo-.... Y en eso ando y deseo compartir camino, por eso subo aquí el artículo... por ahora. Algo es mucho.

martes, 27 de septiembre de 2011

A propósito de Natalia Carrero

He sido una escucha y esto es una conversación. Parto de dónde lo dejo Natalia. Del texto de la presentación de su novela que podemos leer en Rebelión. Parto de ese conjunto. Sé que estoy en él. O quizá en una intersección. Porque comparto ya no el enfado, más la rabia; porque me reconocería víctima, aunque lo que me interesa sobre todo es que empiezo a saberme profundamente liberada.

Lo cierto es que pasan cosas. Cientos de miles de cosas. Pasan las asambleas por todas partes, en mi calle y en Nueva York. Eficaces, ridículas, inabarcables pero asambleas. Pasa que el mundo, joder, sigue siendo precioso. Pasan los árboles que quedan, los viejos que aún se ilusionan y juegan con las niñas en los parques. Pasa que se puede aún confiar en la colectividad. Pasa Natalia que llora, y explota el ritual en que se presenta su novela. Y Los tipos infames de Madrid, revientan por los aires. Y la presentación se hace servir, merecer la pena entre tanto Natalia nos regala su texto con la emoción que lo aviva y desde toda la eficacia de la literatura. Qué bien leíste Natalia. Tal cual escribes y dibujas, como una niña grande, que practica ser escritora porque no podría ser otra cosa y se ejercita, desde la potencia bruta que significa su deseo de ser.

Natalia Carrero es escritora, además es una madre múltiple, con quien he compartido ropa, un parque, varias calles de subida y bajada de la guardería. Compartí con ella también colección “Caballo de Troya” y ella un día se acercó a hablarme a una charla que yo di y con toda la sinceridad del mundo me advirtió: así vas mal. Desde ese día me pregunta una y otra vez por lo que allí planteé. No hay prisa. En medio vamos queriéndonos. Haciéndonos regalos.

Natalia Carrero publicó Soy una caja justo después de publicar yo Inmediatamente después. Ella salía con una tapa de más, muy bonita, y yo con la biografía cambiada, en edad y lugar de nacimiento, que es bastante. La odié rápido, por ser talento fnac, por la tapa de más, porque es lo que sabemos hacer a la velocidad del rayo, envidiar, codiciar, contarnos historias que nos dejan como el puto culo, a nosotras y a la humanidad que nos comparte.

La cosa es que luego leí Soy una caja. Y me lo tuve que racionar para soportar la intensidad. Natalia es un navajazo y ahí la respeté. Aunque había demasiada Clarice Lispector. En Una habitación impropia la cuchillada se presenta de nuevo, para rasgarlo todo, las vestiduras, el ánimo, las fronteras de lo permisible, y desafía. Incluso a mí que no conozco el pudor, porque lo que no puedo compartir no me interesa, no lo deseo, lo descuido por completo.

Pues sí Natalia, yo te escuché, y te contesto esto. Que quiero pensar contigo en los conjuntos y hacerlo así: en abierto, por si se nos suma alguien más a esta conversación lenta que podría tratar de los grupos de escritores y escritoras, los subconjuntos y las intersecciones, y de la rabia, y el enfado y de lo que somos cuando ya no aceptamos ser víctimas.

sábado, 26 de marzo de 2011

Al acecho calmado

Hace unas semanas en una librería bonita “Eléctrico Ardor”, cerca del metro Tribunal, hubo una charla sobre “Una novela crítica para un presente crítico”. La organizaba Matias Escalera, y participamos Belén Gopegui, Marta Sanz, él mismo y yo. La copio aquí por varios motivos: porque allí vendí cinco novelas más que dediqué con ganas de que me viertan algo en el blog sobre ella, y por la reacción que generó lo que allí dije... que me hizo preguntarme si quizá fui demagógica.


Yo solo planteé desde una coherencia nada compleja -simple, incluso, nos dijimos con Marta Sanz- que había renunciado a ser una creadora cultural; no a escribir novelas, no a desafiar al capitalismo, sino que, dadas las reglas del juego literario, había decidido que como escritora convencional, o no existiría o quizá no fuera cuchillo que corta, que es lo que quiero, ser filo de la navaja, cortar el jodido paño de confusión, individualidades, narcisismo, culpabilidades, obediencias, resignaciones e hipocresías y dineros con que nos pringa el modelo de producción y distribución capitalista de las novelas. Aunque fuera como revulsivo, como provocación, sentí la necesidad de explicitar mis apuestas. Porque está por ver que se pueda escribir una novela no capitalista en el capitalismo, queda por confirmar si sigue teniendo interés un autor y su voluntad de crear comunicación, y más aún, si podemos ser una lectora o lectores co-creadores, que produzcan en común con una autora. ¿Una novela dialógica, performativa...? me preguntaron... Yo qué sé.


Copio mis notas para la charla y ya aguardo los comentarios como siempre, por años, en este blog que pervive entre los meses y las deserciones.



En mis apuestas sobre desde dónde escribir he ido cambiando. La primera novela, aunque la escribí desde un yo -me di cuenta luego de hasta qué punto mis propios fantasmas estaban por todas partes-, la pude escribir, creí en escribirla, porque expresaba un nosotros/as. El resultado de la novela, fue que el nosotros que recibí de haberla hecho era el que ya estaba, no otro. Hubo reacciones de amistades y nuevas amistades que ampliaron en algo ese nosotros/as. Apenas, escaso, pero real, bueno. Conocí muchos poetas gracias a la novela, poetas críticos, luego he pensado que yo practico mucho esa indagación que implica la poesía y también cierta manera enunciativa. Les busqué y me buscaron, me presentó la novela un poeta, y de los desconocidos que se acercaron fueron también poetas y alguna gente más; conté en su momento unas treinta reacciones.


Esa novela la escupí, fue así, se condensó dentro de mí y un día salió y pudo ser escrita porque era yo. Dudo de tener dotes de novelista, ni siquiera de quererlas tener, tampoco confío suficiente en las ficciones, y en sus efectos sobre el público. Sí creo, sin embargo, en la expresión y en la comunicación y en los acuerdos entre diversos pero iguales. Escribo para personas que quieren construir una vida buena, autónoma, responsable, coherente. Busco aliados, cómplices para una batalla.


Y para eso, desconfío de las novelas que triunfan, delimitando los territorios de la imaginación, y de lo razonable, haciendo resplandecer la inteligencia del autor y proporcionándole dinero y relaciones, dado que están al servicio del poder, que paga por esa conformación de la mente del lector que permiten las ficciones... Cierto que existen contra-ficciones en las que creo, sé que hay novelas que permiten ver y las valoro. Con todo ahora mismo, desde una renuncia a ser creadora de cultura en el capitalismo, solo intentaría novelas -si existieran- que emprenden un diálogo sobre aquello que es la verdad de cada quien.


Es cierto que ese diálogo, en la novela, hoy, tal como es producida y publicada, apenas se expresa. La de quien escribe se expresa, la de quien lee no, nunca, tal y como leemos. Constantino Bértolo, decía el otro día en la presentación de Quique Falcón, “Las prácticas literarias del conflicto”, que hay que cambiar la forma de producción de la lectura; pues sí, totalmente de acuerdo. A continuación, entendí que decía que sería interesante dejar de hablar del compromiso del escritor, el compromiso lo debe ser de la sociedad, que traba un contrato con quien escribe para que produzca de la forma en que esa sociedad cree que se debe producir. Y esta sociedad, añado yo, no permite comprometerse con otra cosa que no sea el capital. La relación de fuerzas está como está. Pues sí. Aún así, aunque no podamos ganar la batalla, debemos darla. Peleamos, no para ganar, si no porque no queda otra -por esperanza que diría Quique, por dignidad-. A mí, Armando Lopez Salinas me enseñó que, quienes venimos de perder raramente elegimos el campo de batalla. El campo está dado, es éste lugar asfixiante donde apenas ninguna alternativa parece tener sentido, posibilidades.


Yo creo profundamente en la subversión, en la disidencia y un punto de partida, puede ser, la renuncia, la negación. Si la realidad se ha vuelto una con el capitalismo, quiero ser irreal, existir en lo que no existe. Y con esto no pretendo ninguna metáfora. Escribiré sin ser escritora, sin esa consideración... Será un principio. Por supuesto, como en todo recorrido hasta que no andas no hay camino, ni acompañantes, ni guías... Por eso me he echado caminar y si puedo, aunque sea apenas, también quiero escribir novelas desde ahí, poniendo en jaque la forma de editar, la forma de escribir, la forma de leer. Se trata de vivir desvelando, revelándonos, rompiendo la normalidad y sobre todo creando otra y dándole espacio y tiempo, todo ello aun recordando que la realidad se ha hecho obvia -casi indiscutible-, y una con el capitalismo. Me quedo en cualquier caso en el casi. Y desde ahí mantengo que necesitamos crear fuerza material, lugares habitables en los márgenes, los alrededores o el centro de esta realidad, que operen de otra forma. (Estas semanas, junto a estas notas he estado pensando muchísimo en Ramón Fernández Durán. El me inspiró un personaje de la novela de Inmediatamente Después. Alfredo Durán. Ahora en cómo encara su muerte, me devuelve toda la novela y me da la mano para la siguiente porque hoy en una carta de despedida que nos manda a mucha gente que quiere, nos devuelve su vida, y ahí leo, inmensa, una vida en la que Ramón ha hecho eso, crear una fuerza material, inatrapable en cientos de miles de gestos al capital. En el mismo gesto de renunciar a la hipertecnología que demoraría su muerte también lo ha hecho, con el dolor y las contradicciones de quien se revela contra su propio espesor... Sobre esto volveré en otro momento seguro, en otra entrada del blogg o a saber dónde. Gracias Ramón y cierro paréntesis).


Así pues como escritora -solo y simplemente porque escribo- quiero intentar textos, libros que subvierten la lógica del capitalismo. En estos años pensé que con cambiar de tema me bastaría y no, no me sirvió una novela de okupas que intenté después de la que me publicaron; tampoco una que escribí antes sobre pobres. Lo cierto es que no encuentro potencia en escribir sobre otras y otros. Al final parece que el único lugar desde el que tengo algo que aportar es el yo, y lo tomo como lugar de partida, como gran crisol de todos los efectos y de todas las potencias. Sí, creo en la explosión honesta del yo destruido que nos deja el capitalismo como una bomba de efecto imponderable. Por otro lado, también decir que empiezo a no creer en escribir sobre otros/as y tampoco en escribir para cualquiera, de hecho para esta novela estoy escogiendo para quién escribo y le introduzco en ella.


Aun así hay méritos de la novela que no descarto, y en los que creo (a mí Belén Gopegui me acompaña desde siempre, como Ramón Fernández Durán y sus ensayos). Sí, soy una letraherida y creo en las palabras y en los libros. Y por eso denuncio y detesto las palabras vendidas, me aburren, me gastan y por eso las desatiendo y las quiero -yo a ellas sí- obviar. Al menos puedo es: no leer, desvincularme del panorama cultural, las reseñas de novelas de los últimos cinco años. A la creación del mercado y otras noticias... ya no le quiero dedicar ni mi enfado y además desde los últimos dos años lo que pasa en el mundo me lo cuentan y así no reacciono a ello desde ninguna narcosis. Que te cuente un amigo, tu hermana lo que pasa, no leerlo en el periódico, ni verlo en la tele... os puedo asegurar que deberíamos probarlo más gente. No me quedaré ahí para siempre pero por ahora, en medio de aún seguir siendo asalariada con cierta militancia en el trabajo, y criar a Laia y hacer Cine Sin Autor y apoyar -todo apenas- a La Oveja Roja, pues no me da para más. Apenas para seguir viviendo y en las madrugadas que logro intentar una novela que deseo que logre forzar la idea de autor, expresar lo que solo yo puedo expresar por mí misma, atravesar la frontera realidad-ficción, violar el momento de su publicación, y moderarlo a varias voces y... sobre todo, me interesa producirla desde la verdad que soy, que espero que vaya haciéndome inatrapable, pero sólida, suficientemente consistente como para poder soportar el ser en batalla con lo que has sido y puedes -podrías- seguir siendo, escogiendo qué tragar y qué degustar, paladear y escupir, para no perder, definitivamente el sabor.


Tenía más notas pero lo dejo aquí para poder llegar a subir esta mañana algo a este blogg raro... Solo añadir que si la provocación vino por mi renuncia a ser creadora cultural, pues la mantengo; si vino por el poco interés que me suscita lo que funciona culturamente y por las vidas impostadas de tanto creador para el mercado, pues también. En los últimos años he producido películas con mi gente -excluida, obrera, acultural- que es la que me interesa. Con mi clase social que somos quienes estaríamos condenados a ser público o malearnos, con ellas y ellos he intentado crear en comunidad, colectivamente y lo hemos logrado, aunque nos -me- queda muchísimo. Entre mi clase, es verdad, se me ha colado algún creador, algún intelectual, -es verdad- pero no me desclasa y también está buscando por donde yo, mi pequeño nosotros, buscamos... También se me coló un Llamamiento (Tiqqun) que se emitía sin la pretensión de convencer a nadie. La comparto. En lo que enuncie mi voz que es mi verdad, no quiero convencer a nadie. Quien me interesa también busca -insisto- miradas, voces, evidencias, verdades... que se comparten y que parten, porque rompen y encaminan... así pues aquí, en este blogg, me quedo, al acecho calmado.

sábado, 12 de junio de 2010

Llevo tiempo callada y en silencio

Llevo tiempo callada y en silencio. Tiempo criando al fin una niña, Laia, que contradice todas las excusas que podrían darse las madres para desistir de vivir nada. Los bebes acompañan el camino propio, respiran al tiempo de sus madres que deben continuar tomando aire, cuanto más aire mejor, para dar más vida, buena vida. Pero eso ya lo contaré en otro lugar, seguro.
Pues sí tiempo callada y en silencio. Apenas escribiendo unos correos para continuar pudiendo amar, algunas conversaciones de skype para poder seguir amando. Leyendo también escasamente, en los ratos que permite una vida que se desmonta para poder volverse a montar sobre si misma. No en otro sitio. No desde otros lugares. Permaneciendo, apostando por durar, por durar en los empeños.
Y los empeños, parecidos: poder amar, encontrarse, tocarse, sorprenderse, aprender y crear vida buena con quien frecuentas y también con quienes apenas rozas. Con esas personas también, para no tragarnos el rollo del enemigo útil, de la amenaza fantasma, de la soledad, del narcisismo. Y entre estas personas recuerdo al mantero de enfrente de la glorieta de quevedo con quien tanto me asimile cuando embarazada volvía un día a mi casa, aún con pareja, de ese trabajo en el que duplicaba el mileurismo.
Porque estoy convencida de que no nos podemos sustraer del mundo y de las personas. Convencida de que cuando lo hacemos perdemos la potencia. Contar con los demás es la clave, simpatizando más con quiénes menos impiden la vida, que son dado como están las cosas, quiénes menos la determinan. Que son: no los banqueros, ni los empresarios–los habrá decentes, seguro, pero no ejercen la decencia en tanto que no permitan a la gente tener casa y comida y recursos suficientes-.
Porque de lo que estoy convencida, más aún que de que haya malos, que podría alejarme del discurso y repensarlo, es del inmenso talento ahí afuera. Una inmensa creatividad frustrada, mucha mierda, mucho sueldo de mierda, mucha hipoteca de bingo político que acaba subastando la propia casa.
Pues sí tiempo callada, desafiando la continuidad de este blog, de esta voz, porque nunca pretendí hablar por hablar y menos hablar para figurar; porque no acepto las normas que dicen si no estás no existes; porque pretendí hablar para vivir, para vivir mejor y hasta ahora, solo he podido apenas respirar, andar para escuchar mis pasos y exigirme que dado que existían se dirigieran nuevamente hacia alguna parte útil.
¿Hacia dónde? Pues intuyo algunos caminos y por eso vuelvo. Veremos. Y lo digo en plural, porque ya lo escribí antes, hay mucho talento ahí fuera y hay que reventar todos los basureros que lo esconden.

domingo, 12 de abril de 2009

Este blog no ha muerto, sólo que esta novela ahora no me anima y ando enfadada.

Y para ir por partes pienso, primero, que lo que hay es que hacer. Y no hacer para seguirse a una la palabra, como si debieras una coherencia especial a tus propósitos; no. Por eso, lo siento, pero no. Ahora no deseo hacer un resumen de lo que me dijeron las casi sesenta personas que me comunicaron algo de ID. No pienso en esta novela desde hace tres meses, es la verdad. Ya no me anima. Así que quizá este blog deje de ser el blog de esta novela… y lo sea de su inmediato después…

Estoy pensando en otra novela. Sé que la escribiré. Aunque no sé ni cuándo, ni exactamente en qué se concretará. No tengo idea. Recibo señales, de forma además entre compulsiva e insatisfactoria, un día me pego un atracón y al día siguiente la olvido por meses. Cierto que mis días libres son escasos. Es lo que tiene la costumbre del asalariamiento, que te compran el tiempo y la energía y tú te dejas.

Cierto también que una novela no anima a otra. Una novela puede animar la creación del personaje de la escritora, pero nada más. Y escritora, como personaje, no quiero ser. No encuentro gremio honesto con quien trabajar en pos de un mundo mejor. No me gustan demasiados escritores, tampoco casi ninguna de las últimas novelas que he leído. Creo que exceptuando El Panfleto para seguir viviendo, últimamente no he confiado en ninguna novela. Carlos Frabetti sí me ha interesado. También Alberto Lema y fielmente Belén Gopegui. Lo poco demás que he podido leer, lo siento desierto o como la última de Isaac Rosa… oasis de los que tras el delirio descubres que sólo es sed y boca reseca…

Hasta que no logre una nueva convicción, mejor me callo. Yo no creo en escribir por escribir o porque una es escritora. No creo en los escritores de oficio, son cuentistas malos. Yo los prohibiría hasta que no hubiera comunidad que les legitimara. En ningún caso considero que nadie tenga el derecho de, en propio nombre, monopolizar la palabra. Y aunque haya quien no se dé cuenta, no lo hacen -aunque sus lectores enfanecidos se equivoquen-. Cuando hay quien publica un libro tras otro de vaciedades, es porque son rentables a alguien, que les condena al narcisismo y de paso continúa fagocitándonos la posibilidad de optar a otros libros en las librerías. Y no digo novedades, digo otros libros, tantos que hay escritos con valor.

Yo quiero un gremio de escritoras que no nos exhibamos, ni nos distraigamos, ni nos entretengamos, dispersemos, enriquezcamos y envilezcamos, ensimismándonos y entibiándonos. Quiero leer a gente que sólo escriba cuando no le quede más remedio, cuando esté precisamente convencida de que es la mejor manera de contar algo que necesita ser contado.

Por eso aborrezco a Espido Freire, que no se avergüenza de reconocer que hace novelas de encargo porque ella lo vale… Y no me acostumbro, por muy consecuente que sea su actitud con el triste momento del capitalismo y las novelas que vivimos. Menos mal que tengo la ventaja de la medianía, no soy la más lista, ni la más comprometida, ni la más amiga de mis amigas del gueto de la gente guays del compromiso y la visa.

Soy del montón, y aquí estoy atenta, muy atenta a ver si siento que un grupo de gente quiere que les cuente una historia, que les devuelva su vida. Estoy afuera, donde no se está sola. Donde hay mucha más gente y más realidad, y más verdad, mucha más verdad. Que yo aún confío en la vida mejor, y no ironizo, ni sueño con venderme, así en mi totalidad, con toda mi historia vital, mi imagen y mis sueños, para ser toda plusvalía, toda producto. Ojalá que un día, el mundo cambie, y pueda dedicarme a escribir, porque un grupo de gente así lo desee. Hasta entonces no escribiré novelas, solo las escupiré cuando no pueda más…

domingo, 14 de diciembre de 2008

Detenerse. Leer como otro piensa y no aceptar el estrecho margen de los instrumentos… nunca, aunque reviente una entrada de blog



Llevo días de retraso porque he trascrito la presentación que Constantino hizo de la novela, el pasado 24 de noviembre en el Ateneo de Madrid. Luego he pensado que debía resumir su intervención para que cupiera aquí bien y finalmente he decidido que no.
Los motivos por los que Constantino editó la novela me parecen todos interesantes, y su criterio sobre la literatura y el compromiso de quiénes leemos y escribimos, también.

De hecho… ahora que la novela toca a su fin, según parece, amenazo con la incorrección de quién no ha sido aceptada en el molde e igual, hasta transcribo y copio a capón, todo el turno de preguntas… y todo lo que hablamos en la Librería Primado de Valencia.

Sólo dando valor a lo que no cabe, podemos ganar.

Ahí el Capitulo I: Constantino Bértolo Dixit:

Comentábamos antes que afortunadamente esto no es una presentación. Lo digo porque la presentación es uno de estos actos donde todo es falso. Yo creo que cuando uno va a una presentación no se cree lo que nadie dice y hace bien, porque es un acto que implica mentira. ¿Qué va a decir uno en una presentación? La mínima educación te exige ser un hipócrita o….

Tenemos la suerte de que lo que estamos es en una despedida. Este libro salió en el mes de junio. La vida media de un libro en España en las librerías no pasa de tres meses. En este momento el libro será dificilísimo de encontrar en una librería, ya estará en el almacén y aparte de unos ejemplares que guardarán por si acaso, su destino será entrar en proceso de titulación. Verdaderamente estamos ante una despedida. Si ustedes no han leído la novela o no la han comprado, pues será difícil que lo encuentren. Afortunadamente yo tengo todavía un ejemplar en la editorial, si alguien lo quiere, lo puedo regalar porque los van a destrozar.

Aclaro también que a mí siempre me presentan como editor pero esto es un poco ambiguo porque yo no soy un editor, yo soy un empleado de una editorial, es decir que a mí, me pagan; no es mía la editorial. Para aclarar un poco desde dónde hablo, soy el director literario, pero soy el empleado de una empresa que no es mía. Afortunadamente porque si no seguramente libros como éste no los publicaría. Publicaría libros que tuvieran un criminal y un detective, que son los que se venden.

Yo voy a intentar explicar por qué edité esta novela. A mí mismo, como editor, lo primero que le pido a un libro, para pensar después si lo edito o no, es que ese libro mientras lo lea, me haga callar. Yo creo que todos tenemos la cabeza llena de ruidos por todas partes y de pronto uno abre un manuscrito y de pronto uno se concentra sobre la página. Es decir, la página tiene la capacidad suficiente para que los ruidos ambientales desaparezcan y uno se concentra en esa página. Este es uno de los datos que a mí me orienta, aunque no es una experiencia transmisible.

Editar significa hacer públicos determinados discursos que hasta ese momento son privados. Hay muchísima gente que escribe porque parece que es una actividad que tiene encanto, prestigio, glamour. Ser escritor está bien considerado. Y hay mucha gente que escribe en su casa. Esta gente es gente que escribe, que se expresa. Pero para convertirse en escritor -a pesar de que hoy este tema está interferido por la presencia de internet y los blogs- se exige que haya un editor que homologue aquel discurso privado. Que lo homologue como literatura, en tanto que la literatura es siempre un discurso público. En este sentido pues ésa es la función básica de un editor. Y cada editor edita en función de los criterios que tiene. Aparte de esta regla de que un libro me haga callar -a veces me hacen callar libros malos-, lo que me pregunto es qué es lo que cuenta con lo que cuenta, y quién podría estar interesado en él.

Yo intento desde mis circunstancias, ya les he dicho que no soy el dueño, y ni si quiera tengo una necesidad de beneficio económico muy alta, porque esta editorial está dentro de un grupo que edita “Los pilares de la tierra” y por decirlo así, este pequeño sello editorial no les molesta demasiado y en este sentido me dejan, me conceden bastante autonomía. La función dentro del grupo de la editorial es encontrar nuevos autores, y de forma sensata entienden que buscar nuevos autores, implica que estos nuevos autores poco conocidos, que no han salido nunca en la tele, ni en las páginas de sucesos, pues evidentemente tienen poca repercusión mediática y por lo tanto, muy pocas ventas en este momento.

Entonces lo que busco en los libros es que son libros que me parecen recomendables para la salud semántica de la sociedad. Es decir, son libros que como tal discurso público, intervienen, interfieren o interpelan a la semántica dominante en nuestra sociedad. Y la semántica es la decantación de los valores sociales, personales, subjetivos, colectivos que se están moviendo en una sociedad determinada. En un determinado momento, uno puede determinar cuáles son los valores dominantes y cuál es la semántica dominante. A mí me interesan aquellos discursos que intervienen en ese combate e intervienen poniéndolos en cuestión. También me interesan – y desde mi punto de vista suelen ser cosas inseparables- que intervengan en lo que llamaríamos, las concepciones literarias dominantes, que intervengan sobre qué es la literatura hoy.

Si uno se detuviera en ese momento, pensaríamos qué es lo que se entiende por literatura hoy. Yo diría que una extraña mezcla entre cursilería y metaliteratura, un abanico desde Sandor Marai que sería el extremo más cursi, hasta Vila Matas que sería el extremo más metaliterario. Pues en esa onda, hoy, todos convivimos con esa idea de qué es lo literario. Pues a mí me interesan los discursos literarios que sean capaces de cuestionar el dominio de esta concepción literaria. Y este sentido este libro me parece que mostraba capacidad para intervenir.

En la semántica. ¿Cómo? Pues básicamente con la presencia en la novela de dos hechos narrativos. Uno, un lenguaje de clase que es algo que ha desaparecido casi totalmente en la novela en este país. Sobre todo cuando el lenguaje de clase no es el de la clase dominante o el de la clase media resignada, si no una clase que tiene su origen en un estrato obrero. Los protagonistas son hijos de aquello que se llamó el proletariado. Ahora no sé cómo se llama, algunos dicen que ni existe, se deben creer que las latas de sardinas se hacen solas en el mar.

Y luego otra cosa, que me parece recomendable que es la búsqueda del sentido. Esta es una novela que a través del argumento se está preguntando cuál es el sentido de la existencia y sobre todo cuál es el sentido de la convivencia, diría yo. Y en esa dirección me parece un libro realmente peculiar.

En cuanto a las concepciones literarias que yo encontré en la novela, lo que más me interesó es que la novela está estructurada de tal forma, sobre todo a través de un sistema de interpolaciones al final de cada bloque narrativo, que interfiere en lo que yo llamaría el idilio tradicional entre el lector y el texto.

En la concepción dominante de qué es leer, parece que leer es un discurso que va dirigido al lector y que el lector siente que a través del texto, hay alguien que se supone que es el autor que le habla directamente, a través de una historia, de la trama, etcétera, etcétera… Entonces, tendemos por la propia práctica de la lectura a pensar que el libro está escrito para nosotros. Pensamos que en ese momento, en ese acto mágico que dicen que es la lectura, el mundo nos habla y nos habla desde nuestra soledad. Encima el acto de la lectura es un acto silencioso y se refuerza esta idea de que somos nosotros, nuestra soledad, algún filosofo cursi dice es la intimidad la que lee.

Yo creo que nadie existe solo. Nadie se construye solo, los espejos son los otros y por lo tanto ese yo lector, es algo que cuestiono. Y me parece que en este libro, la estructura de interpolación obliga a pensar que no leemos solos. Nos hace ver que no leemos solos, porque hay alguien cuya voz aparece en cursiva que después de leer, él también lee. Oímos al mismo tiempo que leemos a otro que está leyendo y esta ruptura con el narcisismo del lector, desde mi punto de vista ya me parecía un dato relevante en cuanto a la estructura.

En ese sentido, coincide con algunas experiencias narrativas que son quizás de las que más me interesan que vendrían a intentar aplicar un poco la teoría del distanciamiento de Bertold Brecht a la narrativa. Es decir, no dejarse llevar por la emoción en la narrativa, no dejarse llevar por el gusto narcisista, no dejarse llevar por la hipnosis de la trama, si no de pronto, recordar que lo que uno está haciendo es leyendo algo que es un producto, un producto semántico pero un producto y que por tanto está distante. Romper la proyección que uno hace frente al texto. Proyección que a mí me parece legítima, yo creo que todos cuando leemos nos proyectamos. Pero otra cosa es que no vigilemos este mecanismo de proyección porque si no nos vigilamos, pues nos proyectamos por decirlo así igual que un niño cuando lee Blancanieves. Yo creo que un lector debe intentar ser adulto y saber lo que le está pasando mientras lee, y creo que estos mecanismos de creación de distancia, ayudan a romper este posible encantamiento de las novelas. Esto es muy raro porque lo dominante, hoy en día, es que hay que seducir al lector, es decir que el lector se quede enganchado, hipnotizado y tire hacia delante a describir quién es el asesino o dónde fue a parar ese libro misterioso.

Luego está el concepto de la calidad literaria. Yo ya empiezo a estar en las puertas de la tercera edad -si no hace tiempo que la pase- y tengo que decir que no tengo ni idea de qué es la calidad literaria. Cuando pregunto, todo el mundo hace una tautología, lo que está bien escrito. ¿Y lo que está bien escrito qué es? Fran ha leído una crítica, han salido más, pero yo te diría que hay que leerla con respeto. Cuando uno lee una crítica no debe procurar hacer el juicio de si está equivocado o no. Lo que debe hacer es preguntarse por qué está equivocado el crítico o por qué ha acertado. Seguramente si te preguntas por qué esta equivocado aprenderíamos mucho de la novela de Eva y del contexto en el que se mueve la novela de Eva.

Y ésta crítica -y esta es mi interpretación- no ha entendido lo que tiene de ruptura las interpolaciones y por eso dice que la novela tiene problemas de estructura. Esta novela tiene problemas de estructura porque rompe la estructura y de esa forma se reestructura un texto narrativo. Y evidentemente, el crítico, tiene un concepto de cómo debe ser el tratamiento de los personajes, y por boca del crítico, debiéramos ser modestos y darnos cuenta de que es difícil pensar de forma personal y que casi siempre pensamos muy construidos por los pensamientos dominantes o pensamientos ajenos.

La crítica lo que tiene muy extendida es una concepción de lo que es un buen personaje y lo que funciona es una simplificación, que incluso en pedagogía literaria mala, pero muy extendida, es la clasificación de los personajes en redondos y planos, y redondos serían aquellos personajes que no se definen, que tiene muchas ideas de su destino, osea que tiene una psicología compleja. La psicología compleja a lo que corresponde es a un estatus de clase. Evidentemente si tus padres tienen dinero para que estudies en el cuerpo diplomático o ingeniero de caminos, pues puedes tener dudas y si tienes mucho tiempo y te aburres pues seguramente tendrás una vida muy compleja y no sabes con quién ligar. Parece que hay un concepto psicológico ligado al tiempo libre y a la desocupación. El desocupado tiene mucho tiempo libre, en principio, y este concepto de que la psicología de la clase media es la psicología del ser humano, que es lo que late en esta crítica… es decir la única psicología posible es la psicología de la clase media y claro, como estos personajes, acaban de entrar en la clase media, evidentemente lo que sucede es que no corresponden al 100% a la psicología de una clase media establecida, sensible, que no sabe si le gusta más Picasso que Dalí, no sabe si le gusta la música dodecafónica o no, para entendernos valores de clase….

Y claro esto es algo que este crítico ha captado, otra cosa es que el crítico haya decidido que esa psicología de la clase media es la única psicología posible. Y entonces cuando aparecen personajes así, parece que la calidad literaria ya está cerca, o la calidad narrativa. Si nos damos cuenta, lo que se llama calidad literaria, que identifica la literatura con mayúsculas, es una forma de censura de clase. Entre otras cosas porque si uno estudia quién decide lo que tiene calidad o no tiene calidad, veremos que sus baremos son baremos de clase, la ilustración aristocrática, etcétera. De cuándo nace el concepto de literatura que aparece ligado a un concepto aristocrático, que luego la burguesía recoge y se legitima con ello. Seguramente la exigencia de la calidad literaria funciona como una especie de filtro que impide que algunos discursos lleguen a hacerse públicos. Yo diría que incluso cuando se habla de calidad literaria, uno debería sospechar bastante del concepto.

Pero claro para entendernos, la gente que está escribiendo hoy, es el caso de Eva, debe entender en dónde está actuando, para qué está escribiendo. Y en este sentido, aunque la calidad literaria sea un concepto que pertenece a otros, pues hay que tenerlo en cuenta y hay que jugar con él y en ese sentido me parece que la novela de Eva está muy bien equilibrada. Es decir, sabe que tiene que construir un discurso con tales características literarias que le permita pasar el filtro de lo literario, pero no se resigna a que esa calidad literaria le impida hablar de otros temas. Y ahí se produce esa contradicción que recoge la crítica que has leído. Este crítico, completamente honesto en su discurso, hay algo que no entiende y entiende. Ha leído la novela de forma esquizofrénica, cuando mi lectura al menos es que es una novela que se ha construido con una estrategia narrativa en la que tiene en cuenta las dos tensiones literarias, una la dominante y otra que nos sabemos cuál es pero que permite hablar o representar a ciertos personajes que si no, no aparecen.

Respecto a esto, no deja ser curioso, y lo he visto en otras críticas muy positivas y tal. Es curioso que el personaje que menos gusta es uno llamado Irma. No sé si ustedes habrán leído la novela, pero son un grupo de amigos de adolescencia que con el paso de los años se han ido estableciendo y que se vuelven a reunir a raíz de una crisis terminal del personaje de Miguel y en la novela, en ese volverse a reunir, la novela hace una especie de balance de sus vidas y hay personajes que están en diversas situaciones y cada situación determina la psicología.

En este caso no es una psicología que nace como lujo, si no como situación. La psicología que nace de la situación en que está cada uno. Claro como parece que sus padres no son notarios, su situación no les permite tener una psicología compleja según Foster. Y bueno, yo digo que curiosamente hay un personaje que ha estudiado medicina y que vive retirada, en un pueblo de Cuenca, y ya he visto dos o tres críticas que dicen que está poco trabajado. Pues a mí me parece el personaje fundamental, porque sobre todo la pareja central y el personaje que se va a morir –y que ha entrado en el mundo de la complejidad artística, por decirlo claramente, se ha desclasado a través del arte-…. Con respecto a estos personajes, éste de Irma es otra cosa. ¿Porqué? Porque desde mi punto de vista tanto Claudia como Miguel han aceptado que su historia se escriba con el código dominante, aunque curiosamente no están de acuerdo con la historia, rechazan la historia tal como va, pero desde mi punto de vista no han logrado a romper con ese código, por decirlo tontamente, no han renunciado a ser protagonistas. Por lo tanto, no han renunciado al papel del individualismo en una sociedad compleja, etcétera. Mientras que este personaje ya no juega a estar o no estar al mismo tiempo, este personaje ha aceptado no estar, lo cual no significa que no actúe. Simplemente no actúa, en función de lo que el código histórico dominante, llama actuar.

Yo no sé si recordarán Ana Karenina, allí hay un personaje que se llama Kitty que va a ver a un cuñado que está muy enfermo y mientras el hermano del enfermo se queda paralizado al ver lo mal que está, esta mujer Kitty se acerca y le arregla el embozo de la sabana. A este gesto yo le llamo actuar, no habla pero actúa. El personaje de Irma es clave en ese sentido y de alguna forma en la carta final que el muerto les manda le dice algo parecido: “Es curioso pero me asombra la naturalidad con la que tomas decisiones y parece que acertaras. Hay gente que parecemos más listos y nos equivocamos más. Claudia y Diego y yo mismo, somos así”. Estos listos son lo que alguien llama personajes complejos. Me parece que este muerto, al final, ha tenido bastante lucidez para darse cuenta de qué tipo de listeza y cuál es el merito de ser listo. Ya con este personaje, que obliga a enfocar a todos los demás, me parece una medida narrativamente muy eficaz para construir el resto de personajes. Porque los personajes cuando rebotan con un personaje como Irma, que parece que no es, en ese rebote todavía tienen más eficacia, y considero que es de los mayores aciertos que tiene esta novela. Que también se dice que es una novela de amor y muerte y en fin, tengo que decir que yo cuando oigo estas frases como elogio, digo, pues depende. La muerte, al fin y al cabo, es una cosa y eso está bien contado en la novela, es un invento reciente -por lo menos en España, hace un siglo todo el mundo iba al cielo, luego nadie se moría-. De modo que de repente que alguien hable de la muerte de verdad, me parece fundamental. Y el amor, hay gente que habla del amor, sin darse cuenta de que es un campo semántico que se ha trasformado absolutamente desde que tenemos divorcio y hablar del amor antes o después de eso, como si fuese lo mismo, es no enterarse absolutamente de nada. Por eso me parece que cuando se habla del amor en esta novela, se ve perfectamente que el amor es un campo semántico que hay que poner en conexión con el campo social. En ese sentido consigue ser una novela en la que se habla del amor, sin ser cursi. Y una novela que consiga hablar del amor sin ser cursi en estos tiempos, pues yo creo que ya merecería la publicación.




domingo, 30 de noviembre de 2008

Víktor y una cita y Constantino y una tarea pendiente

Constantino es mi editor y el otro día en el Ateneo nos contó para qué publicó Inmediatamente después. Tengo a medias la trascripción de lo que nos dijo y lo colocaré aquí en cuanto pueda, con otras cosas de las que allí sucedieron. Ahora no puedo, que mi vida se ha complicado, mal o bien, nunca se sabe, porque cuando se trata de enfermedades de gentes queridas no se sabe. Porque a veces las enfermedades son avisos que permiten más vida, a veces no.

Aunque sí hay dos cosas que debo sacarme el tiempo para anotar aquí. Una que Constantino ha sacado un libro que toda la gente que leemos y escribimos literatura, sería bueno, siempre según mi criterio, que leyéramos. Se llama “La cena de los notables” y está en la editorial Periférica y seguro que su prólogo accesible
aquí, os da los motivos para hacerlo.

La segunda cosa es que en Valencia, gracias a Víktor nuevamente podremos repensar esta novela que aquí nos convoca. Para ser responsables de lo que leemos y lo que escribimos, de lo que somos en definitiva. La convocatoria será en la Librería Primado el jueves que viene día 4 de este diciembre frío.
Enlazo al blog de Víktor para atender a su convocatoria.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Una constancia y dos avisos

Conocí a Víktor en Valencia cuando presentamos la novela en la FNAC. Desde entonces no hace más que regalarme poemas, uno suyo, dentro de una crítica que va escribiendo de la novela: "Por la precisión /supe que el tiro /vino de dentro" y otro, de hace un rato en un correo electrónico que no voy a hacer público y que dice así: "Perfeccione lo inútil a lo inútil. No haya edén" de Anibal Nuñez.
Dice Víctor que terminado el libro, “quiero ahora trabajar sobre él ya no como lector que disfrutó y se emocionó si no como poeta y agitador cultural que ha encontrado una veta donde brotan partes de sí que desconocía y partes del mundo que ha vivido que nunca para a analizar”.
Pues nada, solo por Víktor hubiera merecido la pena escribir esta novela que honestamente lo afirmo, desde su edición sólo me ha dado alegrías. Siento que ha servido escribirla, lo creo así y quiero que quede constancia de ello.

Además un aviso por si queréis usarlo: presentamos la novela, Constantino Bértolo, mi editor y Miguel Pastrana y un amigo y yo, en el Ateneo de Madrid el próximo 24 de noviembre a las 19.30 de la tarde.

E igual para diciembre estamos en la Librería Primado en Valencia, con Víktor.

Y segundo aviso también en el Ateneo de Madrid, Víktor Gomez y Quique Falcón y otros compañeros y compañera estarán el sábado 22. Sección de Literatura. Ciclo Literatura y compromiso social. Poesía Crítica desde Valencia. Intervienen: Arturo Borra, Laura Giordani, Víctor Manuel Gómez Ferrer, Enrique Falcón y Antonio Martínez i Ferrer. Modera Matías Escalera Cordero y Miguel Pastrana. Sala de Conferencias. 19.30 horas.

domingo, 12 de octubre de 2008

Compartiendo una lectura muy buena.

Finalmente he recortado un poco la presentación que Quique Falcón hizo de la novela en Valencia, porque era mucho texto y porque cuando aprenda a subir el audio o el vídeo la cuelgo, que es más agradable de oír. Agradezco mucho esta reflexión, que incluso a mí, me hizo releer la novela de nuevo. Ah y mil gracias a Flor por convencerme y organizar la presentación.


Nos encontramos en la presentación de la novela Inmediatamente después de Eva Fernández, “Inmediatamente después”. (…). Imagino que nos vamos a mover en una conversación sobre literatura, pero también sobre aspectos de la vida y de la colectividad y de la realidad que nos rodea, que nos une a todos los que estamos aquí y yo creo que sinceramente este libro es un libro que nos vincula. Es un libro que permite, a nivel personal y colectivo, un diálogo, acerca de la realidad, acerca de nosotros mismos y acerca de la vida que llevamos o dejamos de llevar.

Yo voy a hacer un comentario como lector y lo he ordenado para no ser caótico. La experiencia de lectura mía de un libro como éste de Eva, ha sido una experiencia excepcional. Yo no soy un lector de narrativa sesudo, ni leo mucha narrativa. Soy muy selectivo a la hora de leer narrativa, pero sí me da la sensación de que en la narrativa actual está pasando algo, que también sucede en otras géneros en los que me siento más cómodo como es la poesía. Me da la sensación que el panorama narrativo actual tiene como propósito la resignación, predisponernos a la resignación, como lectores y como ciudadanos, mucha es la literatura que se escribe que invita a la claudicación. Posiblemente a través de géneros de entretenimiento, pero no solo a través del entretenimiento. No tengo nada en contra del entretenimiento. En ese sentido es raro encontrarse con excepciones, y hay tengo que señalar a escritores como Isaac Rosa, Belén Gopegui, Manuel Talens, o Alfons Cervera. Pues a ese cúmulo de excepciones uno la novela de Eva Fernández.

Mi experiencia como lector os juro que ha sido una experiencia removedora. A mí este libro a nivel de historia personal me ha cuestionado. Yo creo que es un libro para el cuestionamiento, no para la tranquilización. Es un libro con el que me he visto –se lo contaba a Eva- haciéndome preguntas acerca de mi vida, acerca de la vida que comparto con otros, acerca de las opciones de vida y acerca de lo que uno ha renunciado a vivir. Por ello la primera invitación, para la gente que no la hayáis leído, es que creo que necesitamos una literatura que nos cuestione, una literatura que nos haga reflexionar sobre la vida. Independientemente del goce, del goce de conocer y seguir la pista a un grupo de personajes, a través de una historia determinada.

(…) La novela tiene claramente una demarcación en partes, una primera muy larga, una segunda menor, de la que seguramente no voy hablar para no pinchar nada de lo que pueda suceder aquí. La construcción de la novela a mí me parece acertadísima, prácticamente me la leí de corrido, pocos capítulos me da la sensación que sobren, es curiosamente una historia que ocurre en 7 o 8 días de noviembre de 2004 y parece mentira como en siete días, dos acontecimientos y un encuentro puedan remover tanto la vida de unos personajes y del lector que acompaña. El ritmo temporal de la lectura es fluida y es una experiencia lectora que también se agradece profundamente.

La historia habla de un grupo de amigos que se mueven entre Valencia, de ahí proceden de un barrio obrero de Valencia, algunos viven en Madrid, otros en una población rural de la provincia de Cuenca… los personajes están a punto de cumplir los cuarenta, todos parece que tienen 39 años. Y también es un relato generacional -de la gente de esa generación de la que yo por edad formo parte- que cuenta una historia que es la historia de una renuncia. “¿Por qué debemos pensar que a cierta edad está ya todo decidido?”, es una de las preguntas que vais a encontrar en el libro, y ésa es la pregunta que va recorriendo a todos los personajes. El inmediatamente después, -creo que llega a haber tres referencias en la historia al título concreto de la novela- aparece justo en el arranque y en el cierre de la primera parte. Y dice “porqué pasada cierta edad lo que animaba de sentido nuestra vida es una estupidez, porque inmediatamente después de ser demasiado joven, ya se es demasiado vieja”. Y ese inmediatamente después terrible, es cerrado también al final de esta segunda parte “inmediatamente después de esta línea, -y es la línea de darnos cuenta de lo mucho que nos queda por hacer en la vida-, inmediatamente después de este trazo, de esta palabra que se acaba”. Y en ese inmediatamente después se decide la historia.

Creo que es también una reflexión sobre nuestro tiempo, nuestra vida. Algo que da estructura a la novela y a mí me ha encantado porque ha acompañado mi reflexión, son las interpolaciones. El texto narrativo es interrumpido, cerrado por capítulos, abierto por capítulos, por materiales en cursiva que son reflexiones que para mí, particularmente, son de agradecer. Posiblemente esta historia sí favorece el cuestionamiento, y el hacerse preguntas, pero yo creo que es una gozada hacerse esas preguntas acompañada de esa voz narradora que va reflexionando. A propósito para reflexionar, en este sentido, creo que merece la pena una relectura de este libro sólo con las interpolaciones. A mí me parecen fundamentales.

A menudo creo que nuestro mundo, y la cultura que estamos construyendo, que tiene nombre concreto, la cultura capitalista neoliberal, ha producido -yo creo que no sólo en una generación, aunque sí en esa generación de los consensos que la narradora va comunicando en la novela- ha producido tres destrucciones de la conciencia, una de ellas favorecida por un proceso de tranquilización social, en un momento en la novela se habla de que “nos han encerrado en jaulas”, creo que hay un proceso también de violencia, de violencia cotidiana y hay otro que tiene que ver con el miedo. Del miedo se habla en un párrafo que a mí me parece antológico, en la página 159: “Somos la generación del consenso, heredera de la transición española que difuminó sin borrar (salto un trozo) aceptamos ese consenso y el consenso capitalista neoliberal, con el que bastantes pensamos que nadie en su sano juicio estaría de acuerdo, si creyera que puede no acatarlo. Somos la generación del esto es lo que hay y nos lo pueden quitar en cualquier momento. La generación que atesora no por disfrute, si no por miedo (yo estoy convencido de que el miedo es rentable para ese proceso de tranquilización y de claudicación de estos personajes). Somos la generación de la corrección, de la omisión política, del narcisismo excitado y laxo”. En otro momento de la narración se habla de qué es lo correcto, de la inmensidad de lo correcto en nuestras vidas. Ese término que utilizas me parece brutal, como con pequeños gestos, casi sin darnos cuenta, habituados a esa falta de entrenamiento sobre el pensar sobre nuestras vidas y hacerlo en común, pues cómo hemos ido claudicando en esa inmensidad de lo que es correcto.

La novela tiene pistas -a mí personalmente me lo parecen, no sé si por la situación personal de uno, o de las comunidades con las que uno se vincula- sobre cómo nos van robando las realidades: la del amor y la de la muerte, que creo que son dos grandes líneas fuertes de esta historia que nos cuenta Eva (…).

Los personajes son creíbles, a mí Claudia me encanta. Yo sé que los personajes provocan distintas reacciones entre los lectores y eso sería bueno que lo habláramos, qué os han hecho resonar cada uno de los personajes, en qué nos sentimos identificados, en qué nos hacen enfadar. Hay cosas de los personajes que nos enfadan, que nos ponen nerviosos, podemos pensar si están bien dibujados…. De Claudia me quedo en que se ha quedado en comprender las cosas más que en vivirlas, como le juzga otro personaje. (…) La dignidad a la hora de abordar el tema de la muerte y el tema de la muerte está en Miguel, que es un personaje a mi juicio delicioso. Comentábamos que ha habido lecturas de su personaje como prepotente, juzgador, que en su momento definitivo lanza lecturas sobre algunos personajes. Yo creo que uno tiene derecho a hacer eso y sobre todo si lo hace con gente a la que ama, gente a la quiere. Diego, supone una especie de claudicación progresiva en su vida. A mí de la historia de Diego, lo que más me enamora de Diego es la imagen del torno, y no me puedo quitar el torno abandonado en el trastero o en el ático de su casa. Yo me preguntaba cuáles son los tornos que yo en mi vida he ido abandonando por supuestos compromisos que han sido claudicaciones. De Irma, algún lector ha dicho que es el personaje menos dibujado que no acaba de tener una función narrativa, yo creo que sí la tiene, es una persona que pertenece a la comunidad médica, pero además yo creo que en un grupo de amigos siempre hay alguno que desempeña un papel menos decisivo, que está ahí, es fiel pero no desempeña un gran papel. De las cartas que Miguel escribe es la menor, no es un personaje Todorov, no tiene una función narrativa importante pero está ahí y acompaña. Que quede desdibujado a mi me parecía hasta simpático.

También el texto me hace preguntarme sobre las propuestas ante el estado de cosas dado. Eva lanza un montón de propuestas en este libro. Hay propuestas aquí, que es una cosa que muchas veces se acusa a este tipo de lectura que describe muy bien lo que está pasando, pero que no lanza alternativas. La propuesta en concreto que hace de las vinculaciones y de las vinculaciones afectivas, y del mirarnos desde lo colectivo a mí me parece fundamental. Primero para mí, y luego para la comunidad humana a la que pertenecemos.

El texto trabaja con las cordialidades. Creo que en ningún caso y creo que es un texto que en algún lector provocará lágrimas, creo que en ningún caso maneja suciamente sentimentalismos vacíos, ni patetismos, aunque objetivamente hay situaciones que podrían dar lugar a ello. Creo que se trabaja desde la cordialidad, desde el afecto, el lector que se emociona. Yo ha habido momentos que me he emocionado, pero es por puro cariño que acabas cogiendo por los personajes y no por mero efecto patético. El gesto del apretón de manos de Miguel a Irma a mí me sacudió, yo creo que es de los gestos táctiles que produjo en mi lectura este libro. Y me imagino que cada uno de vosotros encontrará un gesto una situación que despierta esa cordialidad.

Discutiríamos entre el grupo de lectores el gesto final de Claudia, si se puede interpretar como una derrota, como una huida, como una victoria, aunque eso solo deberíamos entre quiénes la hemos leído. Me parece también, muy interesante el personaje de Alfredo Durán, un intelectual depurado en el sistema universitario, que cree en los libros colectivos que buscan crear una nueva realidad y que es un personaje que aparece de refilón, no aparece mucho, pero sí me parece que es un buen hondonazo para la trayectoria vital de Claudia y es una referencia importante. Atentos a esa entrevista en un bar… que a mí me interesa muchísimo.

Y acabaría mi intervención… porque a parte de propuestas para vivir mejor, para vivir en común, para cambiar la realidad, Eva hace preguntas sobre para qué escribir. Porqué nos contamos cosas, porqué nos contamos la vida y acabo con palabras de la autora que a mí me interpelaron. “Si queremos ser lo suficientemente honestas, debemos contarnos la vida como grupo, como comunidad, si queremos que nos sirva para aprender algo, que nos sirva para cambiar algo de lo material que reconocemos nos condiciona tanto, no se tratará en todo caso de pensar por pensar, de escribir por escribir. Se tratará de escribir para conseguir vivir mejor, de escribir porque nos urge la comunidad, porque no podemos delegar, ni confiar en las graciosas concesiones de la exigua minoría de poder para lograrlo”.

sábado, 11 de octubre de 2008

Un anticipo no monetario.

Estoy trabajando en transcribir la presentación a la novela que hizo Quique Falcón en Valencia, así como en intentar relatar algunas otras palabras que allí se produjeron. También vamos a colgar el ensayo de "Materialismo y dos novelas de la llamada Generación X" -tan fatalmente enlazado en esta página- en la web del Manual de lecturas rápidas para la supervivencia, página de la que soy deudora.
En cuanto pueda lo pongo todo a disposición. Sólo, mientras tanto, disculparme por la demora en agradecer a todo el mundo que compartió con mi hermana y conmigo nuestro intento de presentar la novela.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Presentándonos: mi libro conmigo.

Me ha dicho mi hermana que cuelgue esto en el blog, yo sigo sin saber si se visita el susodicho y preocupada porque nadie se sienta obligada a asistir, ni se sienta olvidada por no haber sido invitada. Pues eso que yo le hago caso a mi hermana y le doy las gracias por la nota de prensa tan chula que me ha escrito.

El próximo día 29 de septiembre a las 19.00 horas en la FNAC San Agustín de Valencia.

Presentación del libro “Inmediatamente después” de la escritora Eva Fernández

La obra, editada por Caballo de Troya, será presentada por su autora, acompañada por el poeta y activista social Quique Falcón

El próximo 29 de septiembre a las 19 horas en la FNAC San Agustín se presentará el libro “Inmediatamente después”. La escritora, Eva Fernández, presentará su primera novela acompañada por el poeta valenciano Quique Falcón.


“Inmediatamente después” es una novela coral, que tiene como protagonistas a un grupo de amigos y amigas que a pesar del paso de los años han mantenido una relación de afecto mutuo desde su adolescencia hasta esos primeros años en que la madurez parece exigir tomas de decisión irreversibles. Es la enfermedad repentina de uno de ellos, Miguel, la que provoca una revisión de sus vidas que llevarán a cabo a partir de los encuentros y desencuentros que la novela nos pone delante. Los personajes fuertemente definidos, pertenecen a una clase media baja, y expresan la frustración laboral, afectiva e ideológica de una generación que hoy se acerca a la cuarentena.

El editor Constantino Bértolo, resalta como “desde su buen modo narrativo la novela se pregunta sobre la responsabilidad del destino individual y colectivo”. Actualizando la cita de Jean Paul Sartre que figura en la contraportada: “una cosa es lo que hacen con nosotros y otra es lo que nosotros hacemos con lo que han hecho con nosotros”.

El ABCde las artes, en su edición impresa, recoge la crítica de Juan Ángel Juaristo quien afirma que “lo que distingue a esta novela (…) es que esa generación a la que retrata tenga sus orígenes en la clase obrera: esa rareza en el tratamiento (…) da la medida del coraje de este obra y de lo novedoso de las historias que cuenta”.

Bob Pop, columnista del diario Público, en su blog “Lector Ileso” señala que: “es un precioso libro sobre la vida (…) Y sobre todas las dignidades –las de morirse, las de vivirse o las de quererse-“.

El blog “solodelibros” indica que Eva Fernández ha escrito una novela que recupera alguna de las características clásicas de la novela de ideas, ofreciendo una mirada personal sobre nuestra sociedad (…) arriesgándose a crear una novela que trata de poner sobre la mesa cuestiones primordiales que se soslayan en la literatura por esa extraña querencia contemporánea por la huida”.