Llevo tiempo callada y en silencio. Tiempo criando al fin una niña, Laia, que contradice todas las excusas que podrían darse las madres para desistir de vivir nada. Los bebes acompañan el camino propio, respiran al tiempo de sus madres que deben continuar tomando aire, cuanto más aire mejor, para dar más vida, buena vida. Pero eso ya lo contaré en otro lugar, seguro.
Pues sí tiempo callada y en silencio. Apenas escribiendo unos correos para continuar pudiendo amar, algunas conversaciones de skype para poder seguir amando. Leyendo también escasamente, en los ratos que permite una vida que se desmonta para poder volverse a montar sobre si misma. No en otro sitio. No desde otros lugares. Permaneciendo, apostando por durar, por durar en los empeños.
Y los empeños, parecidos: poder amar, encontrarse, tocarse, sorprenderse, aprender y crear vida buena con quien frecuentas y también con quienes apenas rozas. Con esas personas también, para no tragarnos el rollo del enemigo útil, de la amenaza fantasma, de la soledad, del narcisismo. Y entre estas personas recuerdo al mantero de enfrente de la glorieta de quevedo con quien tanto me asimile cuando embarazada volvía un día a mi casa, aún con pareja, de ese trabajo en el que duplicaba el mileurismo.
Porque estoy convencida de que no nos podemos sustraer del mundo y de las personas. Convencida de que cuando lo hacemos perdemos la potencia. Contar con los demás es la clave, simpatizando más con quiénes menos impiden la vida, que son dado como están las cosas, quiénes menos la determinan. Que son: no los banqueros, ni los empresarios–los habrá decentes, seguro, pero no ejercen la decencia en tanto que no permitan a la gente tener casa y comida y recursos suficientes-.
Porque de lo que estoy convencida, más aún que de que haya malos, que podría alejarme del discurso y repensarlo, es del inmenso talento ahí afuera. Una inmensa creatividad frustrada, mucha mierda, mucho sueldo de mierda, mucha hipoteca de bingo político que acaba subastando la propia casa.
Pues sí tiempo callada, desafiando la continuidad de este blog, de esta voz, porque nunca pretendí hablar por hablar y menos hablar para figurar; porque no acepto las normas que dicen si no estás no existes; porque pretendí hablar para vivir, para vivir mejor y hasta ahora, solo he podido apenas respirar, andar para escuchar mis pasos y exigirme que dado que existían se dirigieran nuevamente hacia alguna parte útil.
¿Hacia dónde? Pues intuyo algunos caminos y por eso vuelvo. Veremos. Y lo digo en plural, porque ya lo escribí antes, hay mucho talento ahí fuera y hay que reventar todos los basureros que lo esconden.
sábado, 12 de junio de 2010
domingo, 12 de abril de 2009
Este blog no ha muerto, sólo que esta novela ahora no me anima y ando enfadada.
Y para ir por partes pienso, primero, que lo que hay es que hacer. Y no hacer para seguirse a una la palabra, como si debieras una coherencia especial a tus propósitos; no. Por eso, lo siento, pero no. Ahora no deseo hacer un resumen de lo que me dijeron las casi sesenta personas que me comunicaron algo de ID. No pienso en esta novela desde hace tres meses, es la verdad. Ya no me anima. Así que quizá este blog deje de ser el blog de esta novela… y lo sea de su inmediato después…
Estoy pensando en otra novela. Sé que la escribiré. Aunque no sé ni cuándo, ni exactamente en qué se concretará. No tengo idea. Recibo señales, de forma además entre compulsiva e insatisfactoria, un día me pego un atracón y al día siguiente la olvido por meses. Cierto que mis días libres son escasos. Es lo que tiene la costumbre del asalariamiento, que te compran el tiempo y la energía y tú te dejas.
Cierto también que una novela no anima a otra. Una novela puede animar la creación del personaje de la escritora, pero nada más. Y escritora, como personaje, no quiero ser. No encuentro gremio honesto con quien trabajar en pos de un mundo mejor. No me gustan demasiados escritores, tampoco casi ninguna de las últimas novelas que he leído. Creo que exceptuando El Panfleto para seguir viviendo, últimamente no he confiado en ninguna novela. Carlos Frabetti sí me ha interesado. También Alberto Lema y fielmente Belén Gopegui. Lo poco demás que he podido leer, lo siento desierto o como la última de Isaac Rosa… oasis de los que tras el delirio descubres que sólo es sed y boca reseca…
Hasta que no logre una nueva convicción, mejor me callo. Yo no creo en escribir por escribir o porque una es escritora. No creo en los escritores de oficio, son cuentistas malos. Yo los prohibiría hasta que no hubiera comunidad que les legitimara. En ningún caso considero que nadie tenga el derecho de, en propio nombre, monopolizar la palabra. Y aunque haya quien no se dé cuenta, no lo hacen -aunque sus lectores enfanecidos se equivoquen-. Cuando hay quien publica un libro tras otro de vaciedades, es porque son rentables a alguien, que les condena al narcisismo y de paso continúa fagocitándonos la posibilidad de optar a otros libros en las librerías. Y no digo novedades, digo otros libros, tantos que hay escritos con valor.
Yo quiero un gremio de escritoras que no nos exhibamos, ni nos distraigamos, ni nos entretengamos, dispersemos, enriquezcamos y envilezcamos, ensimismándonos y entibiándonos. Quiero leer a gente que sólo escriba cuando no le quede más remedio, cuando esté precisamente convencida de que es la mejor manera de contar algo que necesita ser contado.
Por eso aborrezco a Espido Freire, que no se avergüenza de reconocer que hace novelas de encargo porque ella lo vale… Y no me acostumbro, por muy consecuente que sea su actitud con el triste momento del capitalismo y las novelas que vivimos. Menos mal que tengo la ventaja de la medianía, no soy la más lista, ni la más comprometida, ni la más amiga de mis amigas del gueto de la gente guays del compromiso y la visa.
Soy del montón, y aquí estoy atenta, muy atenta a ver si siento que un grupo de gente quiere que les cuente una historia, que les devuelva su vida. Estoy afuera, donde no se está sola. Donde hay mucha más gente y más realidad, y más verdad, mucha más verdad. Que yo aún confío en la vida mejor, y no ironizo, ni sueño con venderme, así en mi totalidad, con toda mi historia vital, mi imagen y mis sueños, para ser toda plusvalía, toda producto. Ojalá que un día, el mundo cambie, y pueda dedicarme a escribir, porque un grupo de gente así lo desee. Hasta entonces no escribiré novelas, solo las escupiré cuando no pueda más…
Estoy pensando en otra novela. Sé que la escribiré. Aunque no sé ni cuándo, ni exactamente en qué se concretará. No tengo idea. Recibo señales, de forma además entre compulsiva e insatisfactoria, un día me pego un atracón y al día siguiente la olvido por meses. Cierto que mis días libres son escasos. Es lo que tiene la costumbre del asalariamiento, que te compran el tiempo y la energía y tú te dejas.
Cierto también que una novela no anima a otra. Una novela puede animar la creación del personaje de la escritora, pero nada más. Y escritora, como personaje, no quiero ser. No encuentro gremio honesto con quien trabajar en pos de un mundo mejor. No me gustan demasiados escritores, tampoco casi ninguna de las últimas novelas que he leído. Creo que exceptuando El Panfleto para seguir viviendo, últimamente no he confiado en ninguna novela. Carlos Frabetti sí me ha interesado. También Alberto Lema y fielmente Belén Gopegui. Lo poco demás que he podido leer, lo siento desierto o como la última de Isaac Rosa… oasis de los que tras el delirio descubres que sólo es sed y boca reseca…
Hasta que no logre una nueva convicción, mejor me callo. Yo no creo en escribir por escribir o porque una es escritora. No creo en los escritores de oficio, son cuentistas malos. Yo los prohibiría hasta que no hubiera comunidad que les legitimara. En ningún caso considero que nadie tenga el derecho de, en propio nombre, monopolizar la palabra. Y aunque haya quien no se dé cuenta, no lo hacen -aunque sus lectores enfanecidos se equivoquen-. Cuando hay quien publica un libro tras otro de vaciedades, es porque son rentables a alguien, que les condena al narcisismo y de paso continúa fagocitándonos la posibilidad de optar a otros libros en las librerías. Y no digo novedades, digo otros libros, tantos que hay escritos con valor.
Yo quiero un gremio de escritoras que no nos exhibamos, ni nos distraigamos, ni nos entretengamos, dispersemos, enriquezcamos y envilezcamos, ensimismándonos y entibiándonos. Quiero leer a gente que sólo escriba cuando no le quede más remedio, cuando esté precisamente convencida de que es la mejor manera de contar algo que necesita ser contado.
Por eso aborrezco a Espido Freire, que no se avergüenza de reconocer que hace novelas de encargo porque ella lo vale… Y no me acostumbro, por muy consecuente que sea su actitud con el triste momento del capitalismo y las novelas que vivimos. Menos mal que tengo la ventaja de la medianía, no soy la más lista, ni la más comprometida, ni la más amiga de mis amigas del gueto de la gente guays del compromiso y la visa.
Soy del montón, y aquí estoy atenta, muy atenta a ver si siento que un grupo de gente quiere que les cuente una historia, que les devuelva su vida. Estoy afuera, donde no se está sola. Donde hay mucha más gente y más realidad, y más verdad, mucha más verdad. Que yo aún confío en la vida mejor, y no ironizo, ni sueño con venderme, así en mi totalidad, con toda mi historia vital, mi imagen y mis sueños, para ser toda plusvalía, toda producto. Ojalá que un día, el mundo cambie, y pueda dedicarme a escribir, porque un grupo de gente así lo desee. Hasta entonces no escribiré novelas, solo las escupiré cuando no pueda más…
domingo, 14 de diciembre de 2008
Detenerse. Leer como otro piensa y no aceptar el estrecho margen de los instrumentos… nunca, aunque reviente una entrada de blog
Llevo días de retraso porque he trascrito la presentación que Constantino hizo de la novela, el pasado 24 de noviembre en el Ateneo de Madrid. Luego he pensado que debía resumir su intervención para que cupiera aquí bien y finalmente he decidido que no.
Los motivos por los que Constantino editó la novela me parecen todos interesantes, y su criterio sobre la literatura y el compromiso de quiénes leemos y escribimos, también.
De hecho… ahora que la novela toca a su fin, según parece, amenazo con la incorrección de quién no ha sido aceptada en el molde e igual, hasta transcribo y copio a capón, todo el turno de preguntas… y todo lo que hablamos en la Librería Primado de Valencia.
Sólo dando valor a lo que no cabe, podemos ganar.
Ahí el Capitulo I: Constantino Bértolo Dixit:
Comentábamos antes que afortunadamente esto no es una presentación. Lo digo porque la presentación es uno de estos actos donde todo es falso. Yo creo que cuando uno va a una presentación no se cree lo que nadie dice y hace bien, porque es un acto que implica mentira. ¿Qué va a decir uno en una presentación? La mínima educación te exige ser un hipócrita o….
Tenemos la suerte de que lo que estamos es en una despedida. Este libro salió en el mes de junio. La vida media de un libro en España en las librerías no pasa de tres meses. En este momento el libro será dificilísimo de encontrar en una librería, ya estará en el almacén y aparte de unos ejemplares que guardarán por si acaso, su destino será entrar en proceso de titulación. Verdaderamente estamos ante una despedida. Si ustedes no han leído la novela o no la han comprado, pues será difícil que lo encuentren. Afortunadamente yo tengo todavía un ejemplar en la editorial, si alguien lo quiere, lo puedo regalar porque los van a destrozar.
Aclaro también que a mí siempre me presentan como editor pero esto es un poco ambiguo porque yo no soy un editor, yo soy un empleado de una editorial, es decir que a mí, me pagan; no es mía la editorial. Para aclarar un poco desde dónde hablo, soy el director literario, pero soy el empleado de una empresa que no es mía. Afortunadamente porque si no seguramente libros como éste no los publicaría. Publicaría libros que tuvieran un criminal y un detective, que son los que se venden.
Yo voy a intentar explicar por qué edité esta novela. A mí mismo, como editor, lo primero que le pido a un libro, para pensar después si lo edito o no, es que ese libro mientras lo lea, me haga callar. Yo creo que todos tenemos la cabeza llena de ruidos por todas partes y de pronto uno abre un manuscrito y de pronto uno se concentra sobre la página. Es decir, la página tiene la capacidad suficiente para que los ruidos ambientales desaparezcan y uno se concentra en esa página. Este es uno de los datos que a mí me orienta, aunque no es una experiencia transmisible.
Editar significa hacer públicos determinados discursos que hasta ese momento son privados. Hay muchísima gente que escribe porque parece que es una actividad que tiene encanto, prestigio, glamour. Ser escritor está bien considerado. Y hay mucha gente que escribe en su casa. Esta gente es gente que escribe, que se expresa. Pero para convertirse en escritor -a pesar de que hoy este tema está interferido por la presencia de internet y los blogs- se exige que haya un editor que homologue aquel discurso privado. Que lo homologue como literatura, en tanto que la literatura es siempre un discurso público. En este sentido pues ésa es la función básica de un editor. Y cada editor edita en función de los criterios que tiene. Aparte de esta regla de que un libro me haga callar -a veces me hacen callar libros malos-, lo que me pregunto es qué es lo que cuenta con lo que cuenta, y quién podría estar interesado en él.
Yo intento desde mis circunstancias, ya les he dicho que no soy el dueño, y ni si quiera tengo una necesidad de beneficio económico muy alta, porque esta editorial está dentro de un grupo que edita “Los pilares de la tierra” y por decirlo así, este pequeño sello editorial no les molesta demasiado y en este sentido me dejan, me conceden bastante autonomía. La función dentro del grupo de la editorial es encontrar nuevos autores, y de forma sensata entienden que buscar nuevos autores, implica que estos nuevos autores poco conocidos, que no han salido nunca en la tele, ni en las páginas de sucesos, pues evidentemente tienen poca repercusión mediática y por lo tanto, muy pocas ventas en este momento.
Entonces lo que busco en los libros es que son libros que me parecen recomendables para la salud semántica de la sociedad. Es decir, son libros que como tal discurso público, intervienen, interfieren o interpelan a la semántica dominante en nuestra sociedad. Y la semántica es la decantación de los valores sociales, personales, subjetivos, colectivos que se están moviendo en una sociedad determinada. En un determinado momento, uno puede determinar cuáles son los valores dominantes y cuál es la semántica dominante. A mí me interesan aquellos discursos que intervienen en ese combate e intervienen poniéndolos en cuestión. También me interesan – y desde mi punto de vista suelen ser cosas inseparables- que intervengan en lo que llamaríamos, las concepciones literarias dominantes, que intervengan sobre qué es la literatura hoy.
Si uno se detuviera en ese momento, pensaríamos qué es lo que se entiende por literatura hoy. Yo diría que una extraña mezcla entre cursilería y metaliteratura, un abanico desde Sandor Marai que sería el extremo más cursi, hasta Vila Matas que sería el extremo más metaliterario. Pues en esa onda, hoy, todos convivimos con esa idea de qué es lo literario. Pues a mí me interesan los discursos literarios que sean capaces de cuestionar el dominio de esta concepción literaria. Y este sentido este libro me parece que mostraba capacidad para intervenir.
En la semántica. ¿Cómo? Pues básicamente con la presencia en la novela de dos hechos narrativos. Uno, un lenguaje de clase que es algo que ha desaparecido casi totalmente en la novela en este país. Sobre todo cuando el lenguaje de clase no es el de la clase dominante o el de la clase media resignada, si no una clase que tiene su origen en un estrato obrero. Los protagonistas son hijos de aquello que se llamó el proletariado. Ahora no sé cómo se llama, algunos dicen que ni existe, se deben creer que las latas de sardinas se hacen solas en el mar.
Y luego otra cosa, que me parece recomendable que es la búsqueda del sentido. Esta es una novela que a través del argumento se está preguntando cuál es el sentido de la existencia y sobre todo cuál es el sentido de la convivencia, diría yo. Y en esa dirección me parece un libro realmente peculiar.
En cuanto a las concepciones literarias que yo encontré en la novela, lo que más me interesó es que la novela está estructurada de tal forma, sobre todo a través de un sistema de interpolaciones al final de cada bloque narrativo, que interfiere en lo que yo llamaría el idilio tradicional entre el lector y el texto.
En la concepción dominante de qué es leer, parece que leer es un discurso que va dirigido al lector y que el lector siente que a través del texto, hay alguien que se supone que es el autor que le habla directamente, a través de una historia, de la trama, etcétera, etcétera… Entonces, tendemos por la propia práctica de la lectura a pensar que el libro está escrito para nosotros. Pensamos que en ese momento, en ese acto mágico que dicen que es la lectura, el mundo nos habla y nos habla desde nuestra soledad. Encima el acto de la lectura es un acto silencioso y se refuerza esta idea de que somos nosotros, nuestra soledad, algún filosofo cursi dice es la intimidad la que lee.
Yo creo que nadie existe solo. Nadie se construye solo, los espejos son los otros y por lo tanto ese yo lector, es algo que cuestiono. Y me parece que en este libro, la estructura de interpolación obliga a pensar que no leemos solos. Nos hace ver que no leemos solos, porque hay alguien cuya voz aparece en cursiva que después de leer, él también lee. Oímos al mismo tiempo que leemos a otro que está leyendo y esta ruptura con el narcisismo del lector, desde mi punto de vista ya me parecía un dato relevante en cuanto a la estructura.
En ese sentido, coincide con algunas experiencias narrativas que son quizás de las que más me interesan que vendrían a intentar aplicar un poco la teoría del distanciamiento de Bertold Brecht a la narrativa. Es decir, no dejarse llevar por la emoción en la narrativa, no dejarse llevar por el gusto narcisista, no dejarse llevar por la hipnosis de la trama, si no de pronto, recordar que lo que uno está haciendo es leyendo algo que es un producto, un producto semántico pero un producto y que por tanto está distante. Romper la proyección que uno hace frente al texto. Proyección que a mí me parece legítima, yo creo que todos cuando leemos nos proyectamos. Pero otra cosa es que no vigilemos este mecanismo de proyección porque si no nos vigilamos, pues nos proyectamos por decirlo así igual que un niño cuando lee Blancanieves. Yo creo que un lector debe intentar ser adulto y saber lo que le está pasando mientras lee, y creo que estos mecanismos de creación de distancia, ayudan a romper este posible encantamiento de las novelas. Esto es muy raro porque lo dominante, hoy en día, es que hay que seducir al lector, es decir que el lector se quede enganchado, hipnotizado y tire hacia delante a describir quién es el asesino o dónde fue a parar ese libro misterioso.
Luego está el concepto de la calidad literaria. Yo ya empiezo a estar en las puertas de la tercera edad -si no hace tiempo que la pase- y tengo que decir que no tengo ni idea de qué es la calidad literaria. Cuando pregunto, todo el mundo hace una tautología, lo que está bien escrito. ¿Y lo que está bien escrito qué es? Fran ha leído una crítica, han salido más, pero yo te diría que hay que leerla con respeto. Cuando uno lee una crítica no debe procurar hacer el juicio de si está equivocado o no. Lo que debe hacer es preguntarse por qué está equivocado el crítico o por qué ha acertado. Seguramente si te preguntas por qué esta equivocado aprenderíamos mucho de la novela de Eva y del contexto en el que se mueve la novela de Eva.
Y ésta crítica -y esta es mi interpretación- no ha entendido lo que tiene de ruptura las interpolaciones y por eso dice que la novela tiene problemas de estructura. Esta novela tiene problemas de estructura porque rompe la estructura y de esa forma se reestructura un texto narrativo. Y evidentemente, el crítico, tiene un concepto de cómo debe ser el tratamiento de los personajes, y por boca del crítico, debiéramos ser modestos y darnos cuenta de que es difícil pensar de forma personal y que casi siempre pensamos muy construidos por los pensamientos dominantes o pensamientos ajenos.
La crítica lo que tiene muy extendida es una concepción de lo que es un buen personaje y lo que funciona es una simplificación, que incluso en pedagogía literaria mala, pero muy extendida, es la clasificación de los personajes en redondos y planos, y redondos serían aquellos personajes que no se definen, que tiene muchas ideas de su destino, osea que tiene una psicología compleja. La psicología compleja a lo que corresponde es a un estatus de clase. Evidentemente si tus padres tienen dinero para que estudies en el cuerpo diplomático o ingeniero de caminos, pues puedes tener dudas y si tienes mucho tiempo y te aburres pues seguramente tendrás una vida muy compleja y no sabes con quién ligar. Parece que hay un concepto psicológico ligado al tiempo libre y a la desocupación. El desocupado tiene mucho tiempo libre, en principio, y este concepto de que la psicología de la clase media es la psicología del ser humano, que es lo que late en esta crítica… es decir la única psicología posible es la psicología de la clase media y claro, como estos personajes, acaban de entrar en la clase media, evidentemente lo que sucede es que no corresponden al 100% a la psicología de una clase media establecida, sensible, que no sabe si le gusta más Picasso que Dalí, no sabe si le gusta la música dodecafónica o no, para entendernos valores de clase….
Y claro esto es algo que este crítico ha captado, otra cosa es que el crítico haya decidido que esa psicología de la clase media es la única psicología posible. Y entonces cuando aparecen personajes así, parece que la calidad literaria ya está cerca, o la calidad narrativa. Si nos damos cuenta, lo que se llama calidad literaria, que identifica la literatura con mayúsculas, es una forma de censura de clase. Entre otras cosas porque si uno estudia quién decide lo que tiene calidad o no tiene calidad, veremos que sus baremos son baremos de clase, la ilustración aristocrática, etcétera. De cuándo nace el concepto de literatura que aparece ligado a un concepto aristocrático, que luego la burguesía recoge y se legitima con ello. Seguramente la exigencia de la calidad literaria funciona como una especie de filtro que impide que algunos discursos lleguen a hacerse públicos. Yo diría que incluso cuando se habla de calidad literaria, uno debería sospechar bastante del concepto.
Pero claro para entendernos, la gente que está escribiendo hoy, es el caso de Eva, debe entender en dónde está actuando, para qué está escribiendo. Y en este sentido, aunque la calidad literaria sea un concepto que pertenece a otros, pues hay que tenerlo en cuenta y hay que jugar con él y en ese sentido me parece que la novela de Eva está muy bien equilibrada. Es decir, sabe que tiene que construir un discurso con tales características literarias que le permita pasar el filtro de lo literario, pero no se resigna a que esa calidad literaria le impida hablar de otros temas. Y ahí se produce esa contradicción que recoge la crítica que has leído. Este crítico, completamente honesto en su discurso, hay algo que no entiende y entiende. Ha leído la novela de forma esquizofrénica, cuando mi lectura al menos es que es una novela que se ha construido con una estrategia narrativa en la que tiene en cuenta las dos tensiones literarias, una la dominante y otra que nos sabemos cuál es pero que permite hablar o representar a ciertos personajes que si no, no aparecen.
Respecto a esto, no deja ser curioso, y lo he visto en otras críticas muy positivas y tal. Es curioso que el personaje que menos gusta es uno llamado Irma. No sé si ustedes habrán leído la novela, pero son un grupo de amigos de adolescencia que con el paso de los años se han ido estableciendo y que se vuelven a reunir a raíz de una crisis terminal del personaje de Miguel y en la novela, en ese volverse a reunir, la novela hace una especie de balance de sus vidas y hay personajes que están en diversas situaciones y cada situación determina la psicología.
En este caso no es una psicología que nace como lujo, si no como situación. La psicología que nace de la situación en que está cada uno. Claro como parece que sus padres no son notarios, su situación no les permite tener una psicología compleja según Foster. Y bueno, yo digo que curiosamente hay un personaje que ha estudiado medicina y que vive retirada, en un pueblo de Cuenca, y ya he visto dos o tres críticas que dicen que está poco trabajado. Pues a mí me parece el personaje fundamental, porque sobre todo la pareja central y el personaje que se va a morir –y que ha entrado en el mundo de la complejidad artística, por decirlo claramente, se ha desclasado a través del arte-…. Con respecto a estos personajes, éste de Irma es otra cosa. ¿Porqué? Porque desde mi punto de vista tanto Claudia como Miguel han aceptado que su historia se escriba con el código dominante, aunque curiosamente no están de acuerdo con la historia, rechazan la historia tal como va, pero desde mi punto de vista no han logrado a romper con ese código, por decirlo tontamente, no han renunciado a ser protagonistas. Por lo tanto, no han renunciado al papel del individualismo en una sociedad compleja, etcétera. Mientras que este personaje ya no juega a estar o no estar al mismo tiempo, este personaje ha aceptado no estar, lo cual no significa que no actúe. Simplemente no actúa, en función de lo que el código histórico dominante, llama actuar.
Yo no sé si recordarán Ana Karenina, allí hay un personaje que se llama Kitty que va a ver a un cuñado que está muy enfermo y mientras el hermano del enfermo se queda paralizado al ver lo mal que está, esta mujer Kitty se acerca y le arregla el embozo de la sabana. A este gesto yo le llamo actuar, no habla pero actúa. El personaje de Irma es clave en ese sentido y de alguna forma en la carta final que el muerto les manda le dice algo parecido: “Es curioso pero me asombra la naturalidad con la que tomas decisiones y parece que acertaras. Hay gente que parecemos más listos y nos equivocamos más. Claudia y Diego y yo mismo, somos así”. Estos listos son lo que alguien llama personajes complejos. Me parece que este muerto, al final, ha tenido bastante lucidez para darse cuenta de qué tipo de listeza y cuál es el merito de ser listo. Ya con este personaje, que obliga a enfocar a todos los demás, me parece una medida narrativamente muy eficaz para construir el resto de personajes. Porque los personajes cuando rebotan con un personaje como Irma, que parece que no es, en ese rebote todavía tienen más eficacia, y considero que es de los mayores aciertos que tiene esta novela. Que también se dice que es una novela de amor y muerte y en fin, tengo que decir que yo cuando oigo estas frases como elogio, digo, pues depende. La muerte, al fin y al cabo, es una cosa y eso está bien contado en la novela, es un invento reciente -por lo menos en España, hace un siglo todo el mundo iba al cielo, luego nadie se moría-. De modo que de repente que alguien hable de la muerte de verdad, me parece fundamental. Y el amor, hay gente que habla del amor, sin darse cuenta de que es un campo semántico que se ha trasformado absolutamente desde que tenemos divorcio y hablar del amor antes o después de eso, como si fuese lo mismo, es no enterarse absolutamente de nada. Por eso me parece que cuando se habla del amor en esta novela, se ve perfectamente que el amor es un campo semántico que hay que poner en conexión con el campo social. En ese sentido consigue ser una novela en la que se habla del amor, sin ser cursi. Y una novela que consiga hablar del amor sin ser cursi en estos tiempos, pues yo creo que ya merecería la publicación.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)